La moda según su necesidad y su origen

No en todos los países encontramos la correspondencia entre ambiente físico y maquillaje que tiene, por ejemplo, Brasil. “Brasil tiene un estilo propio, lindo y éclatant, como dicen los franceses, que sirve para las brasileñas, que son divertidas y lo tienen que mostrar en su maquillaje. En cuanto a armonizar con su ambiente físico, tenemos que distinguir entre el maquillaje de las mujeres de San Pablo que son cosmopolitas, bien de ciudad industrializada, con una gran vida social, que usan mucho maquillaje: su polvo, su rubor, su arreglo perfecto en los ojos y en la boca y, contrapuestamente, está el maquillaje de la carioca, que es más desestructurado y está más en relación con su ambiente. Una piel que toma sol y está al aire libre necesita un maquillaje más liviano, que no incluya bases ni cosas que tapen la cara, dedicándose a maquillar intensamente los ojos, que pueden acompañar o no con rubor y labial. Si bien es un maquillaje cargado, tiene colores armónicos con la naturaleza, con su mar, sus morros y su exuberancia física.

“Lamentablemente, al desarrollar una línea de coloración actualmente se tiene en cuenta sólo a la mujer de Buenos Aires, que es una mujer de color de piel normal, y el resto del país debe recibir esa propuesta porque no tiene más remedio. En la Argentina no hay amplitud de coloración, se carecen de bases oscuras y hay que acordarse que muchas mujeres del interior tienen una piel muy oscura; sólo se contempla a las mujeres de piel blanca, y no debe ser así. Entre nuestras mujeres las hay de ascendencia alemana, blancas y de ojos celestes, y las hay con ascendencia indígena, de ojos negros y piel oscura.” Mujeres de piel cobriza, muy monas, elegantes y receptivas de lo que es nuevo, viven en plazas fuerte del interior; económicamente hablando, serían buenos mercados. Lo que pasa es que hasta ahora nos manejamos con lo que dicta Buenos Aires y, más que Buenos Aires, con lo que dicta el exterior.”

La mujer y su comodidad

No podemos hablar de la actitud particular de la mujer argentina sin antes haber analizado cuáles son las situaciones históricas, económicas y sociales que ayudaron a conformar los valores de los cuales emerge esa actitud. El conocimiento individual de por qué una mujer elige la comodidad por inseguridad es necesario para alcanzar el conocimiento social, teniendo siempre presente que las actitudes con respecto a la propia persona son parte de una totalidad que abarca las relaciones hacia los demás.

Decíamos anteriormente que una mujer que se conoce consigue su estilo, porque alcanza la movilidad que le da la libertad interna para buscar aquello que concuerda con ella y con su personalidad, des-deñando lo que no le es propio. Sin embargo, a pesar de saber que de este modo se obtiene una seguridad real, son cantidades las mujeres que prefieren la dependencia de los dictados de los demás, porque logran ciertas ganancias actuando de esa manera.

En ese sentido están de acuerdo con Simone de Beauvoir, cuando afirmaba: “Las mujeres aceptan el papel dependiente para evitar el esfuerzo que supone tomar a su cargo una existencia auténtica”.

Si bien la característica femenina de dependencia y de no tratar de hacerse cargo de su existencia es común en las mujeres de casi todos los países del mundo, en las mujeres argentinas adquiere gran relevancia por la cantidad de factores que tradicionalmente actuaron como condicionantes de su propia inseguridad. La mujer argentina responde a la inseguridad con comodidad, no interesándole el conocimiento de sí por el trabajo y el dolor que supone. Apela entonces a una serie de mitos que le permiten responder de manera estereotipada a los problemas que se le van presentando. Estos mitos de sí misma y de las mujeres que las rodean traban su desarrollo y no le permiten crecer. Cuando una mujer logra unir todos los cabos dispersos de su personalidad se comunica fluidamente con el mundo que la rodea, comprendiéndolo. Esa comunicación se logra a través de su cuerpo. Sin embargo, no es una empresa fácil, ya que debe ser conquistada casi continuamente con esfuerzo por la presión que en sentido contrario ejerce la sociedad. En este punto la ropa deja de cumplir la misión de protección para dar seguridad y pasa a ser un verdadero complemento de la personalidad. Es cuando aparecen los conjuntos coordinados que responden al estilo de cada mujer y a los valores personales.

El esfuerzo que cada mujer necesita desplegar “para tomar a su cargo una existencia auténtica” está frenado frecuentemente por el temor a encontrarse con su propia identidad y con los cambios que puedan ocurrir a partir de sus nuevos descubrimientos. Uno de los primeros temores que se le presentan es el de perder al hombre que tiene al lado (en muchos casos esgrimiendo razones económicas). El hombre argentino, también cómodo, prefiere subrayar el estereotipo. Como la mujer es un enigma, la original lo desconcertaría a tal punto que prefiere mantenerse fijado y seguro con los mitos de que “la mujer buena y de su casa debe ser discreta”. La mujer que no asume su propia existencia, al dudar de su propia capacidad para triunfar, prefiere seducir al hombre para que se conviene en “su dueño”, en una especial relación neurótica. Dentro de este esquema no resulta para nada incoherente que las mujeres argentinas, incapacitadas por su comodidad e inseguridad, se vuelquen casi masivamente a usar la ropa ajustada y sexy que permite hablar a sus cuerpos y no a ellas mismas. Las tres características tal vez más notables de la moda femenina en la Argentina: la elegancia, el uniforme y la seducción a través de la ropa ajustada al cuerpo, tienen su origen en la inseguridad de la mujer y en su incapacidad para superarla por su crónica comodidad.