
Una parte de los titulados deciden establecerse por su cuenta, ya sea como freelances, o como marca independiente. Trabajar por libre tiene sus ventajas: se tiene más margen de libertad, por lo general se trabaja desde casa y se participa en diversos proyectos en lugar de dedicar todo el tiempo a una única empresa y los honorarios pueden ser interesantes. Sin embargo, también tiene sus inconvenientes: encontrar clientes y tener suficiente trabajo durante todo el año no siempre es fácil. Es posible que en un momento dado haya que gestionar dos o tres proyectos a la vez, ya que la capacidad para decir no o escoger encargos es limitada. Además, lo más probable es que los ingresos sean irregulares; quizá un mes se cobran dos proyectos y luego pasan seis semanas sin ingresar nada en absoluto. Por tanto, para salir adelante es esencial tener contactos y cultivarlos, darse a conocer y organizar bien el tiempo.
No todo el mundo puede montar su propio negocio. Antes de dejar que el brillo de lo que significa tener una marca propia nos deslumbre, debemos preguntarnos por qué lo hacemos. ¿Tenemos algo nuevo que ofrecer al mercado? ¿Nos lo podemos permitir económicamente? Si las respuestas son afirmativas, las siguientes preguntas son: ¿Tenemos visión para los negocios, vocación, confianza en nosotros mismos y las aptitudes necesarias? ¿Estamos preparados para trabajar muchas horas? ¿Estamos dispuestos a vivir en permanente incertidumbre económica, al menos durante unos cuantos años? Pero, sobre todo, lo más importante es tener la convicción de que saldremos adelante, pase lo que pase.
Tener una marca propia permite explorar y producir nuestras propias ideas de diseño, ya que la dirección creativa es totalmente nuestra. Diseñadores como John Galliano, Alexander McQueen y Marios Schwab, por nombrar algunos, han utilizado sus firmas como plataforma de lanzamiento para dar a conocer su trabajo y su estética personal, y así acercarse a los grandes de la moda: Galliano lo ha hecho con Dior, McQueen, con Givenchy, y Marios Schwab ha relanzado la firma estadounidense Halston. También hay diseñadores, como Jonathan Saunders, que han diseñado colecciones para detallistas del mercado de masas, o que han puesto su talento al servicio de varias empresas y holdings, ya sea como consultores o como directores creativos. Es una forma de generar ingresos para mantener la marca independiente.
Pero los inconvenientes de ser autónomos son numerosos: entre ellos, muchísimas horas de trabajo, presiones económicas constantes y bastante tiempo dedicado a perseguir a los morosos. Además, el estrés que supone gestionar un estudio de diseño puede desmoralizar y afectar a la creatividad. Si la sociedad cuenta con inversores, la independencia puede quedar en entredicho. En el peor de los casos, si la sociedad no logra ganar dinero o incumple los pedidos que recibe, los inversores pueden decidir retirar su apoyo y dejar la sociedad en bancarrota. Es lo que le pasó a la diseñadora Luella Bartley en 2009: la marca que creó no pudo servir los pedidos para la temporada primavera/verano 2010 debido a problemas de producción, y los patrocinadores retiraron su apoyo. No le dejaron otra opción que cerrar el negocio.
El apoyo económico es fundamental para montar una empresa. Los gastos que conlleva poner en marcha y mantener un estudio, los costes de fabricación, la contratación de personal especializado patronistas, operarios de muestras, etc. y la necesidad de desfilar temporada tras temporada para dar publicidad a las creaciones requiere un despliegue de medios que resulta muy caro. Los inversores exigen un business plan detallado antes de comprometerse, así que hay que tener en cuenta todas las posibilidades e implicaciones económicas, y analizarlas hasta las últimas consecuencias. Pero, antes que nada, hay que preguntarse: ¿tengo la fuerza, física y psicológica, para hacerlo bien?
Hay que estar preparado para afrontar todos los obstáculos, no engañarse con los objetivos, ser realista, mantener el catálogo al día, detectar las debilidades y tener iniciativa para mejorar permanentemente. ¡Y, por encima de todo, no perder jamás la fe en uno mismo!
Una vez acabados los estudios
Todos los años, miles de jóvenes terminan sus estudios de moda y se disponen a acceder al mercado laboral, pero los puestos de trabajo disponibles son limitados. Además, en todas las grandes ciudades del mundo hay centros de formación en moda, lo que multiplica el número de titulaciones expedidas al año. Las perspectivas pueden ser desalentadoras, de modo que hay que estar abierto a cualquier posibilidad. Conviene que nos preguntemos qué se nos da bien, para quién nos gustaría trabajar, a qué puertas podríamos llamar y por dónde deberíamos empezar a luchar por nuestros objetivos. Hay que estar dispuesto a ampliar estudios en disciplinas creativas afines, como el diseño gráfico o el diseño de vestuario, mientras encontramos nuestro lugar.
Resulta útil hacer una lista de nuestras habilidades con total honestidad: quizá el diseño se nos resiste, pero en cambio se nos da bien el patronales. La interpretación del color y de los tejidos ¿es un punto fuerte, o más bien un punto débil? Este tipo de cuestiones ayuda a identificar áreas en las que se deben pulir carencias y plantea posibles trabajos que quizá no se habían considerado. Ser operario de muestras, por ejemplo, no debería verse como un retroceso profesional. Un buen técnico experto en la materia vale su peso en oro; su reputación en la industria suele propagarse como la pólvora y a veces se ha llegado a convertir en auténtica leyenda. Es capaz de resolver temas técnicos que le ahorran tiempo y dinero al diseñador, por eso es una pieza importante del equipo. Como en otros trabajos creativos, la vía de acceso suele ser una beca o un período de prácticas. La mayoría de las empresas están encantadas de tener estudiantes durante varios meses o un año entero. Es una experiencia valiosa que consolida aptitudes, reafirma la voluntad de trabajar en el sector y brinda la oportunidad de adquirir nuevos conocimientos, asumir retos e impresionar al empresario o al diseñador con vistas a un posible trabajo remunerado.