La moda ecológica

En los últimos años la cultura del consumidor y la cobertura mediática de ciertos temas han arrojado luz sobre cuestiones éticas a gran escala. El comprador quiere saber de dónde viene la ropa que compra.

El cambio climático y las preocupaciones medioambientales han estimulado la fabricación sostenible. El algodón es uno de los mejores ejemplos: si se cultiva a la manera tradicional, genera el 16 por ciento de la emisión de partículas en el aire, debido a los insecticidas, y provoca tres millones de intoxicaciones por pesticidas al año, lo que a su vez causa la muerte de veinte mil agricultores. Las explotaciones de algodón orgánico se consideran una alternativa más sostenible y saludable, tanto para el planeta como para las personas. Otras alternativas a las materias sintéticas no biodegradables y que contienen sustancias petroquímicas son los tejidos fabricados con madera de haya, eucalipto, maíz, cáñamo o bambú.

Derechos laborales

Para abaratar los costes de fabricación, gran parte de la confección para el consumo masivo se realiza en países en desarrollo (como Bangladesh o Sri Lanka), en economías emergentes (como la India o China) o en países de la Europa del Este (como Rumania, Polonia o Bulgaria). China es, con diferencia, el mayor exportador: de allí procede el 35 por ciento de las mercancías del sector, y su industria emplea a veinte millones de trabajadores. La otra cara de la moneda es que se trata del segundo país que más contamina y que los derechos de sus trabajadores son muy limitados. Si bien la industria crea empleo, los escasos derechos laborales, las precarias condiciones de trabajo y los bajos salarios plantean cuestiones graves. Gran parte de los empleados del sector están rozando el umbral de la pobreza o están por debajo de él. A pesar de que muchas firmas han suscrito la necesidad de un salario digno, en la práctica han hecho muy poco por garantizarlo. Grupos de presión, como Labour Behind the Label, luchan de forma activa por los derechos de los trabajadores en los países en desarrollo. En 2007 lanzaron una campaña contra Primark que contrastaba los enormes beneficios de la compañía con las precarias condiciones de vida y de trabajo de la mano de obra que interviene en la fabricación de sus productos.

La ética de los proveedores

Los diseñadores desempeñan un papel importante en esta cuestión y pueden influir en que la industria sea más ética. No se trata solamente de optar por tejidos ecológicos, sino de que sus decisiones pueden afectar a toda la cadena de suministro de la confección. Ésta incluye de la recogida de las materias primas lana, algodón, etc. al proceso de tejer, pasando por el teñido y el envío de las telas a los talleres. Aquí se cortan los modelos a partir de unos patrones, se cosen las prendas y se realizan los acabados. Una vez terminadas las piezas, se etiquetan, se embalan y se marcan con el precio para ser distribuidas a los minoristas, que las venden al consumidor.

La demanda de fast fashion (‘moda rápida’) tiene un precio: el medio ambiente sufre, y sufren también las personas que trabajan en condiciones de explotación. En la cultura del despilfarro en que vivimos, el consumo excesivo ha llevado a que se deseche gran cantidad de ropa usada durante temporadas cortas tan solo seis meses. Una colección se puede diseñar y comercializar en cuestión de semanas; cada temporada se lanzan nuevos estilos y líneas a una velocidad inaudita. La alternativa ética es la slow fashion (‘moda lenta’, en la línea del movimiento slow food), que prima la calidad sobre la cantidad. Esto significa diseñar, producir y consumir moda sobre la base de unos tiempos más pausados, que permitan a los proveedores planificar los pedidos, prever el número de trabajadores que necesitarán e invertir a largo plazo.

La marca de moda ecológica People Tree, fundada por Safia Minney, tiene comercios, franquicias y puntos de venta en Japón y el Reino Unido. La empresa emplea a dos mil asociaciones de granjeros y artesanos a través de cincuenta grupos de productores de comercio justo en quince países. Aparte de seguir una estricta política medioambiental, People Tree aboga por el cultivo de algodón orgánico y es pionero en montar el primer proyecto de este tipo en Bangladesh.

De hecho, numerosas entidades independientes o pequeñas empresas aplican principios éticos. A medida que aumentan las corrientes a favor de un consumo ético, el tejido empresarial va respondiendo. Desde 2006 la Semana de la Moda de Londres alberga el foro Estethica, dedicado a las marcas de moda éticas. En el contexto actual en el que predomina el diseño vanguardista y de gran espectacularidad, ser verde queda bien. No obstante, el compromiso ético actual plantea una pregunta crítica: ¿será una moda más?