Búsqueda de integración y originalidad

En todas las personas encontramos dos actitudes contradictorias y bien definidas que están en relación directa con su personalidad. Una de ellas es la tendencia a diferenciarse y distinguirse de los otros a través de la originalidad, afirmando para ello la individualidad; la otra es la necesidad de uniformarse para no desentonar y para no sentirse desplazados del grupo. El deseo de originalidad y diferenciación tiene un mayor peso en las personas figura. En las uniformadas que cumplen funciones de fondo encontramos en mayor proporción la necesidad de integración. Aunque contradictorias, ambas actitudes tienen como meta deliberada y como valor social próximo el conseguir la seguridad personal. Sabemos que la uniformidad que trabaja para imponerse a través del deseo de integración está en estrecha relación con la identidad personal, porque al no conocerse y no poder en consecuencia elaborar una identidad, se hace necesario soportar el conformismo. Entonces resulta que las personas sólo pueden estar seguras de sí mismas cuando satisfacen las expectativas y se adaptan a los demás, eliminando las dudas acerca de la propia identidad y consiguiendo una falsa seguridad: “Hago lo que la gente que me rodea espera que haga”. La seguridad que da esta actitud es falsa, porque al abandonar la búsqueda de la individualidad y la necesidad de actuar espontáneamente se produce automáticamente la frustración.

Si bien la seguridad que se obtiene es falsa, conforma a los argentinos porque es cómoda, ya que sabemos que muchos de ellos temen el esfuerzo que significa oponerse a los mecanismos tanto psicológicos censura, aislamientos, chismes como a los económicos y políticos citados anteriormente. La moda no solamente permite que las personas puedan manejar sus deseos de sentirse integradas, también facilita que se manifiesten los deseos de ser diferentes, originales y únicas. En este punto tenemos que distinguir a aquella minoría de personas figuras que después de conocerse elaboran un estilo que les es propio, porque tienen una peculiar manera de organizar los accesorios y la ropa. Son las únicas que consiguen manejarse con seguridad real; ellas no aparentan seguridad, la tienen. Este grupo, que es muy escaso, debe distinguirse de otro grupo que también siente muy fuerte el deseo de sentirse diferente del resto, pero sin pasar por las alternativas de conocerse a sí mismo. Cuando ese deseo es muy fuerte, estamos en presencia de exhibicionistas y snobs, que hacen cualquier sacrificio para destacarse. Demuestran una gran seguridad, que es aparente, porque depende exclusivamente de que las otras personas estén persuadidas de que ellos son únicos y diferentes, conservando la secreta esperanza de que sea cierto, ya que los demás lo creen así.

La necesidad de integración y el deseo de ser diferentes y originales resulta desde el punto de vista personal una oposición difícil de trascender; sin embargo, como en la mayoría de las actitudes humanas, está presente el grupo para ofrecer soluciones, no definitivas, generalmente aparentes, pero siempre válidas para el momento. Como la moda es un elemento de manipulación de la sociedad, el mensaje no es recibido aisladamente por cada mujer sino a través de una compleja red de grupos a veces coordinados y a veces superpuestos a los cuales pertenece. Lo importante es que los diferentes grupos tomen las nuevas tendencias y determinen que esas novedades sean lo mejor para ellos. Es así como se consigue que las personas se mantengan uniformadas e integradas dentro de su grupo y, a su vez, que esa uniformidad sea como una tarjeta de identidad que diferencia a un grupo de otros.

Si analizamos como ejemplo los distintos grupos de acuerdo con las profesiones y las personalidades de sus integrantes, vemos repetida esta misma situación. Cada grupo tiene una personalidad llamada de status social que le es propia, es decir, un conjunto de respuestas ligadas a su estado social. Cada uno de ellos tiende a uniformarse con el mismo estilo de ropa que les permite reconocerse como integrantes del mismo grupo, aun sin conocerse previamente. Al mismo tiempo, piensan que ese estilo peculiar la diferencia de los demás grupos y les da singularidad. El grupo, actuando dinámicamente, ayuda a mostrarse o a encubrirse, impulsando a sus miembros a aceptar como natural desde la desnudez (las vedettes actuando en sus funciones) hasta los más complicados vestidos y uniformes (los hábitos de las monjas de clausura). Hay todo un campo de energía social que resulta de las conductas de los líderes de cada grupo que lleva a comportamientos compartidos sin que nadie se dé cuenta de por qué actúa de esa manera especial y no de otra. Dejando a un lado la interpretación de los grupos con uniformes específicos, como enfermeras, policías femeninas, estudiantes secundarias o esquiadoras, nos detenemos en aquellos “uniformes” que marcan un estilo de vida de manera más sutil, pero igualmente evidente.