Avances de modas y tendencias

Antes de la década de 1960 los diseñadores de alta costura de París fijaban los largos de las faldas, los colores, los tejidos y las siluetas de las tendencias. Sus colecciones determinaban la imagen que se llevaba cada temporada, y que luego se filtraba hacia mercados más amplios. Además, con el único objetivo de mantener la exclusividad, la difusión de una imagen la controlaban de manera estricta las casas de costura y la regulaba rigurosamente la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne. Los grandes almacenes, las boutiques y los mayoristas eran los responsables de interpretar y difundir los estilos; por eso mandaban a sus diseñadores internos a los desfiles. La entrada costaba un dineral y estaba totalmente prohibido tomar fotografías no oficiales o garabatear bocetos. A diferencia de lo que ocurre hoy, la prensa especializada no estaba autorizada a publicar imágenes del evento hasta al cabo de unas semanas. El objetivo era evita que se copiaran los diseños antes de que los clientes de la alta costura hubieran hecho sus pedidos. En ocasiones algunos tickets de entrada incluían la reproducción en miniatura de algún diseño, que podía copiarse directamente y lanzarse al mercado rápidamente. Además, las casas de costura también tenían un cupo de patrones que vendían para que se copiaran.

Con estos procedimientos, los talleres y la Chambre Syndicale lo controlaban todo; se aseguraban la confidencialidad y la exclusividad, y conservaban el poder y la influencia sobre la industria. Sin embargo, en las décadas de 1960 y 1970 la alta costura perdió su supremacía y, por consiguiente, desapareció su sistema de copiado. La nueva situación dejóa muchos copiadores desconcertados, sin la certeza de qué estilo se llevaba y cuál no. Para llenar ese vacío, empresas como la neoyorquina IM International, la londinense Nigel French o la parisina Promostyl informaron a la industria de las últimas tendencias en colores, tejidos y formas. Fue el principio de la industria de las tendencias y los avances, que se dedicaba a suministrar información a las compañías para que se adelantaran a sus competidores y estuvieran siempre a la última.

Actualmente. los avances o pronósticos de moda son un gran negocio muy lucrativo. Los realizan una serie de agencias y consultorías muy competitivas que vaticinan el futuro a corto plazo en todos los aspectos, desde los factores socioeconómicos y la comercialización hasta las próximas tendencias en temas como colores, tejidos, estampados, siluetas, complementos y accesorios, y acabados.

Los analistas observan, investigan e informan de todo lo que ocurre en el mercado. Suelen ser coolhunters (‘caza tendencias’) con formación en sociología o economía, y con experiencia en trabajos creativos. Son observadores del pulso cultural del momento; su tarea consiste en rastrear, seguir pistas y recopilar todo tipo de información procedente de tribus urbanas, prensa, mercadillos, cine, artes plásticas, política, música, comportamientos sociales, temas medioambientales, ciencia y tecnología. Estar al corriente de las tendencias también implica identificar los cambios demográficos, variable coyuntural basada en las estadísticas, y determinar cómo vive la gente y cómo se comporta, además de conocer su distribución por edad, género, nivel de ingresos y estilo de vida o tipo de vivienda, entre otros.

Martin Raymond, cofundador de la agencia líder en avances de moda The Future Laboratory y director creativo de Viewpoint galardonada revista de tendencias, marcas, previsiones de futuro y de modas, explica: «Tenemos una red de unos dos mil contactos entre los que hay profesionales de la moda, gente de la noche, otros de la industria de la música, académicos y periodistas. Los utilizamos para la lectura braille de los gestos que marcan los cambios culturales.

La información que recopilan los caza tendencias se analiza, se desgrana y se ensambla de nuevo en informes de tendencias con referencias visuales de apoyo. Dichos informes se elaboran para clientes específicos o para la industria de la moda en su conjunto, y permiten segur la pista a las necesidades y a los futuros deseos de los consumidores de moda. Las agencias líderes en esta materia publican libros álbumes, cuadernos o revistas con una percdicidad anual, semestral o trimestral. Son publicaciones muy caras porque difunden es dios muy valioso con una antelación de ente dieciocho meses y dos años respecto a la temporada en que se materializarán las colecciones. Conocer con anticipación los avances es positivo, pero también tiene un gran innoven ente la propagación de las mismas tendencias a toda la industria homogeneiza la oferta del mercado por lo que la individualidad se pierde en cierto modo por falta de opciones disponibles. De hecho, en los últimos años, muchos diseñadores se han desmarcado yendo a contracorriente, pero esta rebeldía ha terminado convirtiéndose también en tendencia. Todo ello significa que la capacidad de buscar, leer e interpretar el espíritu del momento, para luego expresarlo de forma personal, resulta más importante que nunca.