
¿Vestirse bien es un lujo? ¿Te pasó entrar a un local y que no haya talle o modelo que vaya con vos? ¿Sabías que esto no tiene que ver con vos, sino con que hasta ahora el diseño estaba pensado para la minoría? ¿Sabías que la inteligencia artificial está cambiando todo esto?
La palabra “moda” durante años se asoció con exclusividad. Se apuntaba a ese público particular que era considerado dentro de la “norma”: cuerpos delgados, altos, simétricos… Los que conocemos como hegemónicos. Y todo debía encajar en ese molde.
¿Vos también te quedaste afuera? No hace falta que respondas, porque la mayoría de nosotros quedaba afuera. Aunque muchas veces nos intentamos amoldar, adaptar, pero no funcionaba.
Lo más triste de esto es que estaba totalmente naturalizado, pero, por suerte: ya no. Y no solo por las campañas y la visibilización, sino también gracias a la tecnología. La IA está ayudando a ver y tener en cuenta lo que antes se ignoraba: los cuerpos reales y la diversidad. Y una de las marcas que está haciendo foco en este gran y necesario cambio, es Dignos, con su boutique en Palermo.
Ya no se trata de vender más y más y más, sino que haya opciones para todos, que no sea solo para unos pocos.
¿Fuiste excluido por “la moda”?
Hasta hace no tanto tiempo esto sucedía en la mayoría de las marcas —y sigue sucediendo en varias—. ¿Por qué? Porque se sigue entendiendo “lo normal” dentro de unos parámetros de exclusividad ilógica. Se diseña para un solo público. Se toma como “lo normal” los cuerpos y formas de personas que desfilan en una pasarela o posan en revistas.
Talles rígidos y pequeñísimos. “No tenemos más grande”- “El que te estás probando es el más grande que tenemos”… Frustración, angustia, discriminación. La ropa no acompañaba al cuerpo, no importaba si era cómoda o incómoda. Y muchas veces tampoco transmitía la identidad de quien la usaba.
Ahora la cosa cambia. La IA analiza miles de medidas, formas, proporciones. Pero ojo: si los datos no son variados, el sesgo sigue. Por eso las marcas revisan muy bien de dónde vienen los datos. Diversidad de cuerpos, edades, géneros, estilos. Así se puede crear algo que sirva a la mayoría. No es solo cuestión de números. Importa cómo se sienten las prendas. Cómo se mueven. La comodidad. Sí, todo eso cuenta.
Tecnología que ayuda
La IA también está cambiando el modo de comprar. Los probadores virtuales son un enorme avance, te pueden sugerir opciones de gafas según tu rostro, tus gestos. Lo mismo en una tienda online donde se pueda ajustar a tu talle sin tener que probarte un montón de prendas.
Con esto no se reemplaza el tiempo de elegir —ni la inteligencia artificial va a decidir por nosotros —pero sí va a hacer todo más simple. Menos frustración, más opciones. Y así se hace que la moda se sienta más cercana para todos, más práctica, más útil.
Además, permite que quienes antes no encontraban ropa adecuada puedan vestirse sin perder tiempo ni energía. Eso también es inclusión. La tecnología ayuda a probar ideas rápido, analizar patrones, ajustar detalles antes de producir en masa. Lo que antes era un lujo exclusivo, ahora está al alcance de más personas.
¿Nuevo rol del diseñador?
El diseñador suma una nueva función y herramienta a su haber: decide cómo usar los datos. Cómo corregir sesgos. La tecnología no tiene criterio propio. Necesita ética, empatía, sentido común.
Cuando pasa eso, los algoritmos dejan de ser fríos. Se vuelven herramientas útiles. Permiten que cada prenda se acerque más a quien la va a usar. El diseñador interpreta datos, los traduce a colores, formas, talles. Se asegura de que la ropa cumpla su función: acompañar al cuerpo, reflejar identidad.
La moda es para todos
Vestirse no es solo ponerse algo. Es mirarse al espejo y reconocerse, elegir qué queremos y cómo lo queremos mostrar. Por eso, el presente y futuro de la moda no está en máquinas que generen infinitos patrones, sino en apostar por la personalización y el estilo de cada uno.
Dignos lo entiende y lo ejecuta. Cada detalle, desde el talle hasta la forma del accesorio, se piensa para cumplir su función sin tener que sacrificar la comodidad ni el estilo. Lo que antes era un privilegio para unos pocos ahora empieza a estar al alcance de cualquiera. ¡Ya era tiempo!
Y gracias a este cambio de paradigma, vestirse deja de ser un lujo y empieza a ser elección. Un gesto simple, personal. La moda está empezando a reconocer a todos, sin excepciones.
La combinatoria entre tecnología y creatividad humana permite que los diseños sean más flexibles. Que se adapten mejor a distintos cuerpos, talles, formas. También a los diferentes estilos de vida. La moda deja de ser un molde rígido y se vuelve viva, dinámica, cercana.