La moda de parís en la calle Santa Fe

Sobre la Maison Campana, Laurette Digoit, su encargada administrativa desde 1937 hasta 1950, cuenta: “Irma Gerardin de Campana llegó en 1912 de París para ser la directora de la casa Amy Linqueur, de la avenida Santa Fe 900. Era una artista única; no hubo en París una tailleuse como ella. Cuando la casa cerró en Buenos Aires, Madame Campana quedó en el mismo lugar, pero cambiando el nombre por ‘Maison Campana’. “Al volver a París acompañando a su marido, la cortadora y probadora Léonie Crespo (primera del taller) y su marido se hicieron cargo de la casa. La Maison Campana fue durante tres décadas una de las casas más importantes de alta costura en Buenos Aires, teniendo como clientas no solamente a la clase alta porteña sino a tradicionales familias del interior, como los Minetti y Hermida. Desde Chile compraban los Braun Menéndez, y también teníamos importantes clientas brasileñas.

“Contaba la casa con cuatro modelos estables que eran: Odette, Ester (ex bailarina del Colón), Clota y Mey, quienes pasaban los trajes a las clientas. Una de las clientas más recordadas, Soledad Alonso de Drysdale, mujer de gran belleza, llegaba a comprar percheros enteros con veinticinco o treinta vestidos, algunos de los cuales eran enviados a España en la época de Franco. “En el año 1930 la casa se mudó a Esmeralda 1073 hasta el año 1950, en que cerró. En ese tiempo su personal decidió seguir con la casa, trasladándose a la avenida Santa Fe; fue entonces dirigida por el peletero francés Maurice Simon, que le agregó el renglón pieles, para luego de tres años venderla a la familia de anticuarios Helft, con el nombre ‘Bell Campana’.”Durante el año 1917 abrió sus puertas en Uruguay casi esquina Santa Fela casa de alta costura Saint Félix fundada por Epifanía Pesce de Saint Félix, apellido que merece un destacado lugar por la jerarquía que le ha dado, a través de los años, al mundo de la moda.

En 1925 se mudan a un petit hotel de la calle Rodríguez Peña (el actual Instituto de Cultura Religiosa Superior), para instalarse definitivamente en la calle Arenales 1047 desde el año 1926. La casa Saint Félix se dedicaba a vestidos de alta costura y sombreros, pero en el año 1933 comenzó a diseñar vestidos de novia. Al morir la señora de Saint Félix dos años más tarde, la casa continuó con sus hijas: María Elena Saint Félix de Rodel, Blanca y Emma Saint Félix. La casa cerró sus puertas en 1959. En la década siguiente Emma Saint Félix de Dvorik se dedicó en exclusividad a trajes de novia, tocados, y madrinas, hasta hoy. Actualmente su hijo, Roberto Dvorik, tercera generación de la familia Saint Félix en la moda triunfa en Londres. 

María Elvira Brulier de SaintGGuilhem, que había venido al país al comienzo de la Guerra del 14 como representante de la casa Doucet de París, abrió en los primeros años de la década del 20, en Charcas 684, su propia maison con el nombre de su abuela, “Madame Suzanne”, convirtiéndose en una de las más importantes casas de alta costura de la época.

Cuando Madame Suzanne cerró en el año 1955, Dora Manfredi de Brulier, casada con Pierre Brulier, sobrino de Madame Suzanne, continuó con la clientela en la parte del sótano de la casa de lencería de Georgette Fariland, que estaba desde fines de la década del 20 en Quintana y Rodríguez Peña. En el año 1956 se mudó a Pueyrredón 2416 y en 1963 a Beruti y Austria. Con respecto a sus comienzos, ella nos cuenta: “Yo empecé a trabajar como aprendiza en el exigente taller de Madame Suzanne a principios de la década del 30, y fui ascendiendo hasta llegar a ser oficial sastre y jefa de taller (cortaba y probaba). Entonces, los géneros, los bordados y los vestidos se traían de París, con derechos y marcas registradas. La exclusividad era algo muy serio, habiendo en todos los talleres carteles que alertaban a las oficialas: ‘Los modelos no se pueden copiar.

Por un lado, las dueñas de las casas de alta costura enviaban a sus encargadas o iban ellas mismas a las casas particulares de algunas de las mujeres más importantes de Buenos Aires y por otro, las clientas visitaban las diferentes casas cuando salían de compras. En el primer caso, cinco o seis encargadas de algunas de las casas más conocidas como Auguste, Campana o Mme. Suzanne, por ejemplo, eran recibidas a determinada hora y llegaban acompañadas cada una por su vendedora, su probadora y su cadete, que usaba una gorra que lo identificaba y era el encargado de transportar las cajas con los vestidos. Allí esperaban hasta que cada modista era recibida por turno de manera individual. La probabilidad de la elección del vestido por parte de la clienta, dependía mucho de su ánimo (a veces encargaban, por ejemplo, ciento veinte blusas en un año) o del orden de entrada en el cuarto de vestir, ya que las primeras en pasar tenían más posibilidades que las últimas. Tanto el ama de llaves como la mucama principal disponían y sabían utilizar este dominio.