
En los ’60, durante esos años de nerviosos cambios, Inglaterra se erigió en centro mundial de la nueva moda, y como este país había sido tradicionalmente el foco de irradiación de la moda masculina, es allí (en la moda masculina) donde se produjo el mayor cambio. Tiempo más tarde, la moda femenina tomó muchas de las ideas barrocas, puntillas y camisas de colores brillantes para hacerlas suyas, surgiendo una moda unisex que daría vía libre a la uniformidad democrática que iba a comenzar en la década siguiente. Los jóvenes subrayaban con la ropa sus protestas; es así como la protesta a las jerarquías se expresó a través del uso masivo de uniformes militares comprados en negocios cuyos dueños habían aprovechado una liquidación del gobierno de viejos uniformes. La protesta a la moral y el pudor utiliza, en cambio, la minifalda lanzada en 1963 por Courrèges e impuesta en 1964 por Mary Quant, “la reina indiscutible de Carnaby Street”. Como contrapartida, Coco Chanel, que había sido precursora de los pantalones femeninos, declara acerca de la minifalda: “Es un escándalo, una provocación. Encuentro absurdo que la mujer la use sin advertir que se cubre de ridículo”.
En 1968 la revista Vogue dice: “Con tanta aparente libertad, la moda como decreto parisino parece obsoleta”. ¿Qué ocurría mientras tanto en París? Durante los años 60 se llega al apogeo de la mujer niña, que ya había comenzado a insinuarse la década anterior. El japonés Kenzo Takada lanza en París la “moda junior”; el alemán Karl Lagerfeld muestra carísimos vestidos de tarde con zapatillas de tenis; la rusa romana Sonya Rikiel crea los vestidos de malla, los minipull y las bermudas. La década del 60 propone a través del activo movimiento feminista el cuestionamiento a los roles que se habían heredado del pasado. El eje de la moda, que hasta ese momento dividía dos zonas claramente delimitadas: moda masculina y moda femenina, a partir del “poder de la moda joven” comienza a desplazarse desde la categoría sexo a la categoría edad, como valor supremo.
Si a la fatiga y retracción de los consumidores por la rápida sucesión de estilos sumamos la alteración en el orden de los valores tradicionales, nos daremos cuenta de que estaban dadas las condiciones propicias para la aparición de una moda unisex, que limara las diferencias entre los sexos. La presentación del actor Burt Reynolds en una publicidad, sin ropa, como “objeto masculino” subraya indudablemente la tendencia. La moda unisex, a comienzos de la década del 70, basada en la igualdad y funcionalidad de la ropa usada indistintamente por hombres y mujeres: pantalón, camisa y suéter, se diferencia de la moda andrógina que surge en los años 80. La moda unisex, con el uso indistinto para ambos sexos de la ropa masculina y femenina, quería demostrar un deseo de igualdad de oportunidades; la moda andrógina trasciende la vestimenta señalando una filosofía de vida igualitaria que llega hasta la transformación del cuerpo humano, mimetizando a través de la copia gestual y el desarrollo físico las categorías masculinas y femeninas.
En la moda unisex, las categorías masculina y femenina permanecen invariables, aunque la vestimenta las desconozca; en la moda andrógina, estas categorías fueron totalmente desplazadas por las categorías juventud madurez. ¿Cómo responde Buenos Aires? Carnaby Street y más tarde Portobello Road nacen repetidas en casi todos los países del mundo. En Buenos Aires la “manzana loca”, que tiene como centro el Instituto Di Tella y la Galería del Este de la calle Florida impone sus normas, sus ritos y sus nuevos personajes.
Estos nuevos personajes, integrantes de los grupos vanguardistas que rompían con los cánones de la estética tradicional y dominante se agrupaban en los Centros de Arte del Instituto Torcuato Di Tella. En ese ámbito, centro de experimentaciones en todas las artes, se llevaba a cabo cl proyecto de modernización de nuestra cultura. Tenían como metodología la fusión de las formas extranjeras con los contenidos nacionales, y como fin, colocar a la cultura argentina en un primer plano internacional, objetivos que fueron escasamente comprendidos en nuestro país, por considerárselos sospechosos. La ruptura de la solemnidad en el arte y en la moda se visualizaba como un ataque a los principios nacionales de nuestra cultura. Sin embargo, podemos considerar al Di Tella como institución cultural y a los grupos vanguardistas que albergaba como los gérmenes de la posmodernidad cultural en la Argentina, porque al desacralizar el arte y la moda entronizaron la comunicación y el diseño. Al atraer con sus diferentes propuestas a un sector de la población que por primera vez se acercaba a esos circuitos llevaron a cabo el primer intento de democratización cultural.