
A finales de siglo, los vestidos de mujer todavía conservaban la forma distorsionada por el corsé, y llevaban muchos adornos como volantes y encajes. No obstante, en esa misma época, la mujer buscaba nuevas formas de vida y la racionalidad del atuendo masculino se convirtió en modelo a seguir. En especial, las chaquetas sastre, precursoras de la moda unisex del siglo xx, cobraron gran importancia en la moda femenina. Abajo, un singular vestido con abultadas mangas y ausencia de adornos en la sencilla falda. Es un ejemplo de un tipo de diseño de vestido sastre. A principios de la década de 1850, Amelia Jenks Bloomer, miembro del movimiento de emancipación de la mujer, recomendó los sueltos y amplios “pantalones turcos” como indumentaria femenina. En esta época, la idea de que la mujer llevara pantalones era algo impensable, por lo que los bloomers (bombachos) fueron rechazados y ridiculizados. Hacia finales del siglo XIX, se empezó a aceptar que la mujer tomara parte en actividades deportivas, pero seguía siendo impensable un atuendo específico para el deporte. Los pantalones bombacho se hicieron populares como prenda especial para montar en bicicleta.
Aunque perdieron sus empleos cuando los hombres fueron licenciados del servicio militar al finalizar la Primera Guerra Mundial, nada podía detener la inclinación de aquellas mujeres que se habían aficionado a participar activamente en el mundo exterior. Surgió una apasionada afición por bailar el tango y el charlestón. Los rápidos automóviles parecían haber acelerado el ritmo de vida de la gente, que además disfrutaban con aficiones hasta ahora “extrañas”, como tomar el sol y nadar. Regían nuevas reglas en una sociedad que ahora comprendía una creciente clase de nouveaux riches junto con la clase alta, adinerada desde siempre, y una sensibilidad vanguardista junto con los conceptos más tradicionales sobre la elegancia. La imagen femenina cambió de manera significativa. Los peinados pasaron de complicados recogidos a un corte suelto. El largo de la falda se acortó desde el tobillo a la rodilla. La Garçonne, de la novela epónima de Victor Margueritte (1922), fue la imagen simbólica a la que aspiraban las mujeres. Llevó a la sociedad hacia nuevas costumbres, como conducir coches, jugar al golf y al tenis, hacer ejercicio e incluso fumar. El andrógino estilo garçonne, que rechazaba cualquier realce del busto o la cintura, logró un reconocimiento general en la Exposición Internacional de las Artes Decorativas e Industriales Modernas celebrada en París en 1925, que dio nombre al estilo conocido como art déco. La extremada simplicidad del vestido se complementaba con adornos de bordados con lentejuelas, una boa de plumas y varios tipos de notables accesorios. La ropa interior consistía en un sujetador, una camisola y medias color carne; el maquillaje incluía barra de labios color carmín, polvos blancos y colorete; las cejas se depilaban hasta conseguir una línea fina, y los ojos se acentuaban con un trazo oscuro de kohl para completar así la imagen deseada. Suzanne Lenglen, campeona de tenis francesa, también contribuyó a fomentar la producción de prendas deportivas haciendo gala de su incomparable fuerza ataviada con ropa funcional exclusiva para el tenis.
Gabrielle (“Coco”) Chanel tuvo un papel decisivo en este nuevo aspecto de la moda femenina. Después de causar sensación con el vestido de punto, diseñó conjuntos de chaquetas de punto, pantalones estilo marinero, vestidos pantalón para playa llamados “pijamas de playa” y la famosa prenda imprescindible en todo vestuario: un sencillo vestido negro. Otra de las contribuciones de Chanel a la moda fue la idea de que la ostentosa bisutería entonces en boga podía representar la auténtica riqueza del mismo modo que las joyas. Encarnación perfecta tanto del estilo garçonne como de la mujer independiente, Coco Chanel creó toda una nueva ética del vestir y propuso un estilo para aquellas mujeres que estaban dispuestas a vivir su propia vida de forma activa. En la época dorada de la alta costura, durante los años veinte y treinta, muchos nombres incipientes en el mundo del diseño de la moda, como Jean Patou, Edward Molyneux y Lucien Lelong, trabajaron denodadamente junto con las casas ya consolidadas como Paquin y Callot Socurs. Mientras que el papel de Chanel era el de una estilista que conocía bien los medios de comunicación, Vionnet era más bien una arquitecta de la moda. Su técnica de cortar prendas a partir de un tejido de dibujo geométrico, con un soberbio sentido de la construcción, generó auténticas innovaciones en el mundo de la confección. Vionnet inventó una amplia gama de estudiados diseños, como el corte al bies, el corte circular, el corte con una incisión o una inserción triangular (godet), el escote halter y el cuello tipo cogulla. Inspirada por la sencilla construcción del kimono japonés, también creó un vestido de una sola pieza. Los diseñadores formaban equipo con artistas para hallar nuevas fuentes de inspiración. La colaboración con los artistas de vanguardia, y más concretamente la influencia del surrealismo y del futurismo, aportaron un diseño artístico radical a la indumentaria. Los accesorios decorativos y textiles del art déco surgieron de esta fértil colaboración, que comprendía la adaptación de diversas técnicas artísticas, como la de la laca oriental. Sin embargo, la Gran Depresión del año 1929 puso fin a gran parte de la prosperidad de posguerra de la que se pudo disfrutar en los años veinte.