La importancia del dibujo a la hora de generar un estilo o un diseño de prenda

Saber dibujar resulta vital, ya que es una técnica muy útil para registrar lo que se percibe, comunicar y desarrollar ideas. A medida que se explora la documentación recopilada, dibujar ayuda a descifrar los datos, dar un sentido a lo investigado y transmitir ideas específicas y la inspiración susceptible de acabar en un patrón. Un diseñador que dibuja es un diseñador que sabe apreciar detalles, texturas, volúmenes y proporciones en una silueta. En la industria tener aptitudes para trazar bosquejos rápidos permite transmitir con inmediatez una idea a un equipo de diseño, así como arrancar en una dirección determinada. Además, los bocetos suelen resolver muchos problemas y, por consiguiente, ahorrar tiempo y dinero.

«Cuando un diseño es tan irresistible que paraliza, no hay que esperar a tenerlo claro para empezar a dibujar. Dibujar no es simplemente una manera de representar una solución de diseño; es, en sí misma, una forma de aprender acerca del problema que se intenta resolver.» Explorar distintas técnicas lápiz, carboncillo, estilográfica, etc. A medida que se hacen pruebas se descubren técnicas diferentes y se desarrolla un lenguaje visual propio. No todo el mundo sabe dibujar, y la falta de dominio puede resultar intimidante o desalentador. Si se intenta sin miedo es más fácil que surjan líneas fluidas, capaces de sugerir la forma de una silueta, una caída o un corte original. Hay que tener presente en todo momento que el cuaderno de bocetos es un espacio para descubrir nuevas ideas y tomar notas rápidas que puedan dar pie a creaciones; no se trata de ser perfectos.

Las siluetas

El concepto de silueta incluye desde la forma que adquiere el cuerpo cubierto con una prenda hasta las formas naturales de la persona que la lleva puesta; en la pasarela la silueta puede tener un fuerte impacto y dejar una impresión duradera. De hecho, las siluetas suelen protagonizar el primer gran momento, luego vienen los detalles, los tejidos y los acabados. Definirlas correctamente en su sentido más amplio es clave para el resultado de la colección; ayudan a contextualizar, definen una actitud y transmiten el estilo general de la exhibición. A medida que ha ido cambiando el tratamiento de temas como la feminidad, la sexualidad, el género, la política o el estilo de vida, los diseñadores han vestido el cuerpo con distintas formas para expresar tanto «el pulso del momento» como una rebelión contra las convenciones. En el siglo xx se dieron varios cambios en la silueta: cintura entallada y caderas acolchadas a principios de siglo, imagen atrevida y liberada en la década de 1920, «New Look» de Dior en 1947, ostentación de los años ochenta, y vestidos ceñidos en los noventa.

Según el diseñador y la marca, las variantes abarcan desde la de construida hasta la extremada. Ocurre a menudo que un diseñador tiene su propia silueta «marca de la casa»: Martin Margiela, por ejemplo, se distingue por un enfoque particular de la belleza de construida, mientras que Jil Sander opta por una silueta moderna de corte prolijo y combina elementos modernos con otros tradicionales, tanto en el patronaje como en los acabados. Las creaciones de Sophia Kokosalaki se reconocen fácilmente por la silueta helénica y la interpretación moderna de los drapeados clásicos. Los collages experimentales de fotografías, esbozos y descripciones escritas, junto con pruebas tridimensionales, pueden ser considerados los primeros borradores de una silueta personalizada.

Estudios

Si bien diseñadores como Vivienne Westwood, Ralph Lauren, Catherine Walker, Chanel o Rei Kawakubo no han recibido una formación reglada específica en moda, sus casos son excepcionales. Hoy día casi todos los diseñadores reputados tienen alguna titulación académica vinculada al diseño de moda. El sector ofrece multitud de puestos, desde creativos hasta técnicos, pasando por comerciales y administrativos. Todos estos estudios pueden ser la plataforma de lanzamiento de una carrera profesional en una industria cada vez más competitiva, ya que proporcionan los conocimientos y la seguridad necesarios para entrar en el mundo laboral. La realidad es que no todos los titulados llegan a ser estrellas, pese a que la formación les da las herramientas adecuadas para trabajar en el sector, y que un grado o un posgrado son indicadores de la capacitación y el compromiso de los aspirantes en relación a un puesto de trabajo. Entrar en este sector sin una educación formal ni nociones previas, o un desconocimiento del mercado, sería como andar a ciegas. Se corre el riesgo de pasar unos cuantos años de exploración sin rumbo, hasta que se descubre exactamente qué se quiere hacer. Los centros suelen organizar jornadas de puertas abiertas para sesiones informativas, una ocasión estupenda para respirar el ambiente del centro, hacer preguntas y hablar con el profesorado y con otros estudiantes.