
Tradicionalmente la demanda de la indumentaria en la Argentina estaba ligada a dos factores:
1) el nivel promedio de ingreso de la población;
2) el nivel de precios relativos de la indumentaria con respecto a los demás bienes de la economía.
Comienzan entonces los créditos a tener tasas reales y positivas. Las pautas financieras empezaron a pesar cada vez en forma más decidida, provocando un proceso de acomodamiento de los empresarios de toda la cadena de proveedores básicos. Con los cambios en la vida política y en consecuencia económica, el país entra en un proceso caracterizado por dos factores sumamente negativos para la industria de la indumentaria:
1) violenta contracción de los consumos populares y
2) una apertura de las importaciones que, aunque lesionó a la industria textil, presentó en cl campo específico de la moda un factor positivo: una violenta confrontación y toma de conciencia de la Argentina con la moda internacional. Sobre todo, a partir de lo introducido por los turistas, que tenía un valor infinitamente superior a lo importado comercialmente.
Desarrollándose entonces el hipermarquismo.
“Con esta declinación culmina un proceso de expansión y recuperación económica, sin antecedentes en la industria argentina, que se había iniciado a comienzos de la década del 70 y que duró hasta 1975.La industria creció en esos años un 33%, siendo el año de mayor expansión 1974, cuando a la demanda se le agregó un 10%o con demanda de los países limítrofes (inflación cero). Al desaparecer esas condiciones el volumen físico de la producción de la industria de la indumentaria desciende de 133 a 125; con la pérdida de esos ocho puntos comienza la declinación.
“No son factores que se pueden sumar y restar, pero sí se pueden distinguir cuantitativamente, como los factores negativos que comprimieron a la industria de la confección, por un lado, y por el otro, le dieron la oportunidad expansiva desde el punto de vista cualitativo. Estas posibilidades de crecimiento cualitativo abrieron un nuevo horizonte y un proceso más marcado de diversificación; sus pasos fueron en primer lugar las marcas y los jeans, en segundo lugar, la industria deportiva y en tercer lugar una violenta expansión marquista que gana todos los mercados y todas las especialidades.
“La industria debe satisfacer a esas demandas de la población en condiciones de debilidad productiva, que en algunos casos fue extrema y en otros fue la desaparición de la empresa.
Los años que transcurrió el país en recesión trajeron consigo dos fenómenos nuevos que progresivamente se fueron dando hacia mediados de la década del 8mostrándose en 1987 en plena manifestación:
1°) la integración hacia adelante de la industria de la confección, es decir cadenas de distribución directas al público de las propias fábricas, tratando de ganar un eslabón en la cadena.
2°) la diversificación productiva de las empresas. A partir del año 1985 en adelante las empresas comienzan a diversificar su producción como alternativa y mantenimiento de su nivel global de productos (una fábrica que hacía jeans también fabrica camperas, otra que hacía vestidos de mujer confecciona sacones, faldas, blusas, etcétera).
“Desde 1987 se produce el acceso vertiginoso a los cambios más bruscos e importantes de la moda mundial: la introducción del factor moda en las colecciones industriales. Se considera fundamental para poder ingresar a los mercados mundiales.”
La posibilidad de la industria textil argentina de mantener los volúmenes estables de la producción fabril, a través de la confección de indumentaria deportiva, de la generalización de las marcas de jeans y del desarrollo del estilo casual o del sport’s wear surgió como consecuencia de varios factores que confluyeron en esta etapa.
En los países productores de moda el importante desarrollo tecnológico e industrial, en la necesidad de generar mayor consumo en el sector, comienza a acelerar el proceso de lanzar tendencias diferentes en menor cantidad de tiempo.
Sin embargo, la lección de la crisis industrial europea que había ocurrido desde 1968 a 1972 fue asimilada. Los lanzamientos de distintos estilos consecutivos habían agotado al consumidor, retrayéndolo en las compras, por eso a fines de los 80 las colecciones empiezan a ser pensadas de otra manera. Es cuando París y Londres se resignan a compartir el liderazgo en el lanzamiento de las modas femeninas y masculinas: Milán, Tokio, Barcelona y Nueva York empiezan a tener peso propio. En Estados Unidos e Italia comienza este proceso de cambio: se piensa las colecciones en función de “situaciones” y no por prendas independientes entre sí, que sólo respondían a la “idea” del creador. Para estas situaciones se necesitaba desarrollar una línea completa que interpretara las necesidades y los estados de ánimo de los consumidores. Se cambia completamente lo que conocíamos como prendas diseñadas para momentos del día (mañana-tarde-noche) o para estaciones del año (verano-invierno) y desde entonces sólo será conservado por la alta costura, en beneficio del concepto de prendas que pueden ser usadas en distintos contextos, renovando detalles y accesorios.