La construcción de un estilo estético

Para construir un estilo personal es necesario que en el lento proceso del conocerse a sí mismo se vayan destruyendo paulatinamente los propios mitos y asumiendo la realidad tal cual es. La dificultad reside en que el mito es muy cómodo, porque ayuda a equilibrar el balanceo continuo entre la necesidad de cambio y la necesidad de hacer lo mismo que todas las personas para sentirse integradas y no rechazadas. El mito ampara y protege; abandonarlo es duro, pero en el difícil proceso de la búsqueda de conocimiento de sí y de estilo personal, cada uno encontrará, más allá de lo que pretende, su íntima libertad. Esta libertad íntima, llamada así porque es independiente de la libertad exterior, se convierte de inmediato en el prerrequisito del desarrollo de la capacidad creadora.

En ese viaje hacia el conocimiento de la íntima naturaleza, a pesar de lo complejo que parece, al llegar a los niveles más elevados de la integración de la estructura personal todo se clarifica de golpe. Sin embargo, aunque la libertad íntima sea independiente de la libertad exterior, sólo puede desarrollarse y evidenciarse a través de la capacidad creadora cuando el medio que la rodea la favorece y permite su desarrollo y crecimiento. En un medio sin libertad el pensamiento se va diluyendo y termina copiándose a sí mismo. La verdadera creación necesita de la libertad, porque avanza por nuevos senderos nunca antes transitados y porque no sabe de antemano hacia dónde la van a dirigir. En un medio con libertad y competencia la capacidad creadora se desarrolla hasta sus más altos niveles, y se muestra a través de una coherencia total de cada persona con ella misma y con lo que la rodea lo que se expresa en su estilo personal. A tal punto la personalidad se expresa en el estilo personal que muchas veces lo que se describe como “yo” no es otra cosa que el estilo propio, entendiendo por propio todos los aspectos de la personalidad que determinan su unidad interna.

En el amplio espectro de mujeres que han llegado a desarrollar su capacidad creadora después de conocerse profundamente y elaborar su propio estilo con libertad encontramos desde aquellas que emplean su creatividad para disponer de manera original los accesorios que debe llevar un vestido hasta uno de los más elevados ejemplos de mujer creadora en la Argentina: Dalila Puzzovio. Su capacidad de auténtica creación trasciende la producción de ropa para instalarse en las alhajas, tapices, zapatos, muebles y todos aquellos accesorios que le permiten permanecer en el trabajo creativo y mostrar a los destinatarios receptivos de esa creatividad “que hay cierto lenguaje y cierta sensibilidad que son independientes de los bienes y de los logros externos”. En un diálogo, del cual extraemos los principales conceptos, Dalila Puzzovio nos habla de su necesidad creadora: “A partir de los cinco años tengo recuerdos muy fuertes en que apenas me levantaba a la mañana, antes de desayunar, dibujaba. Era una necesidad y un hecho”. Y continúa diciendo:

“Todos los diseños tienen para mí una misma dimensión cuando los hago; si algo me conmueve, se convierte en un medio válido de expresión. Como me manejo con mi sensibilidad y conocimiento estético, naturalmente se crea una fórmula que es aplicable a cualquier objeto. Hay una suerte de tozudez no manifiesta pero sí latente donde de algún modo se tiene que notar el sello D. P. “En mi profesión yo sobrevivo y comercio con estilo más que con moda. Moda es algo que cualquiera puede imitar; estilo es algo a lo que mucha gente aspira, pero pocos logran. Estilo es una combinación del presente, del pasado histórico y de lo individual. “Uno puede cambiar. La fidelidad sobrevive a la tozudez de que hablaba anteriormente, que hace que uno refleje la sociedad como es hoy y cómo va a ser mañana. Uno colecciona imágenes e ideas, tiende a desechar lo demasiado familiar y aburrido, telegrafía mensajes a una audiencia que imagina sedienta de ideas.

“Como diseñadora, más o menos tengo los mismos estímulos que otros creadores, llámense realidad económica, filmes, exposiciones, música, etc., etc. Siempre mis producciones se han caracterizado por un ‘look’ profético, desde que en 1967 lancé las primeras ‘dobles plataformas’. Sin duda, cada creación es una presencia que desencadenará actitudes, comportamientos, tomas de conciencia. “En la actualidad la mujer tiene un acercamiento más fresco hacia lo que se llama ‘tendencias’. La originalidad es algo que desconcierta porque el lenguaje de la creatividad es elitista. Un lenguaje mal manejado queda mundano y snob; un color mal colocado, y la prenda del conjunto se tornará vulgar. “La originalidad en la creación debe manejarse como una ceremonia excéntrica que debe aparecer perfectamente natural, extrañamente indiferente a lo que desencadena. Al combatir la originalidad la mujer pierde el placer del arte de vivir y de mirar modos enigmáticos de expresión.

“La originalidad desencadena un sentimiento de irrealidad, signos, lenguaje al fin de una superioridad misteriosa, mezcla de talento, fuerza y riqueza que provoca efectos reales, superiores, reconocidos por el resto de los hombres. Se es, a la vez, revolucionario e ilusionista. Es muy difícil una aceptación unánime e instantánea. “Para no repetirse hay que ser curioso, perceptivo, enérgico, carismático, inseguro, ingenuo, narcisista y, sobre todo, muy disciplinado. A pesar de que la creación debe ser un acto feliz, se debe ser muy serio, hay que estar lleno de sonrisas serias. “Memoria y fantasía evocan un mundo perfecto donde el espectador puede participar. Es importante el estímulo exterior para el discurso interior, sobre todo si pensamos en moda.”