La búsqueda de un nuevo tipo de indumentaria y la liberación del corsé

Un número cada vez mayor de mujeres con estudios superiores y profesionales, el uso más generalizado de los automóviles y una creciente fascinación por los deportes, fueron sólo algunos de los avances que culminaron en un estilo de vida totalmente nuevo. Para las mujeres de ese período que llevaban una vida activa, el atuendo diario fue alcanzando un cierto grado de funcionalidad gracias los trajes sastre. Por otro lado, los diseñadores de primera línea como Charles Frederick Worth, Jacques Doucet y Jeanne Paquin, que habían abierto sus salones de alta costura en el siglo precedente, seguían siendo fieles a la sensibilidad del Modernismo, y su objetivo era alcanzar la máxima belleza mediante una combinación de elegancia y opulencia. Los corsés largos distorsionaban la forma natural del cuerpo e impedían la movilidad de tal modo que, aunque las mujeres vestían esos estilos en público, comprensiblemente buscaban alivio de tales atuendos restrictivos en la intimidad de su hogar. Su “abrigo Confucio”, de corte recto y línea holgada, apareció en 1903. Salvo algunas excepciones, desde la época del renacimiento la indumentaria de la mujer occidental había necesitado un corsé que apretara la cintura como elemento básico para moldear la silueta. Poiret rechazó el uso del corsé para las prendas femeninas, y pasó el centro de gravedad de la cintura a los hombros. Según cuenta su autobiografía, los diseños de Poiret no surgieron de un deseo de liberar a las mujeres de la tiranía centenaria del corsé, sino de una apasionada búsqueda de nuevas formas de belleza. Sus vestidos, no obstante, consiguieron algo que ni las activistas feministas ni los médicos habían logrado a finales del siglo XIX: liberar a la mujer del corsé. Así pues, la moda del siglo XX evolucionó a partir de una forma encorsetada y artificial a otra más natural sustentada por un sujetador.

Las creaciones de Poiret llevaban adornos de un espléndido y exótico estilo, y sus colores eran fuertes y atrevidos. Inventó los pantalones de odalisca, la llamada falda de medio paso y los turbantes de inspiración oriental. Sus diseños se nutrían de una nostalgia por tierras lejanas que caracterizó este período del siglo xX. La pintura orientalista, popularizada a finales del XIX, y la publicación de la traducción de Las mil y una noches a principios del siglo xx, fomentaron un anhelo por los temas orientales. Esta tendencia se vio reforzada por el sensacional debut de los Ballets Rusos en París en el año 1909, a quienes se les reconoció su exótica magnificencia. La atención se fue dirigiendo cada vez más hacia Japón, que abrió sus puertas a Occidente a finales del siglo XIX. En la época de la guerra entre Rusia y Japón (1904-1905), la influencia cultural japonesa se había dado en llamar japonismo. Tanto el orientalismo como cl japonismo tuvieron su impacto en varios campos del arte y la literatura. Poiret y otra casa de moda, Callot Socurs encontraron inspiración en el exotismo y la sensual belleza de Oriente. Se sintieron atraídos por los dibujos y colores de los tejidos, así como por la estructura de las prendas, como los holgados pantalones de odalisca y el exótico kimono japonés. La forma plana y la abertura del kimono ya apuntaban, de hecho, a la nueva relación que iba a existir entre el cuerpo y la indumentaria. Era un innovador diseño que combinaba funcionalidad con decoración. Los finos pliegues moldeaban suavemente el cuerpo y la ornamentación venía dada casi por completo por el movimiento: la mínima acción cambiaba el brillo y la tonalidad del tejido. El Wiener Werkstätte, fundado en 1903 por Josef Hoffmann y otros, también diseñó atuendos novedosos. El objetivo inicial del Wiener Werkstätte era dedicarse básicamente a la arquitectura, obras de artesanía y encuadernación de libros, pero en I911 inauguró un departamento de moda con su propia línea, entre la que se encontraban prendas como los holgados vestidos saco.

Hacia principios de siglo surgieron los medios de comunicación necesarios para difundir las noticias sobre la moda, y su campo de influencia se expandió rápidamente. Las revistas de moda como Vogue (1892, Nueva York) y la Gazette du Bon Ton (1912-1925, París) establecieron un sistema para informar al mundo de los nuevos avances en moda. Las ilustraciones jugaron un papel primordial en estas revistas; un buen número de nuevos artistas, como Paul Iribe y Georges Lepape, hicieron que este período fuera conocido como la época dorada de la ilustración de moda. Poiret fue el primero en utilizar un catálogo de modas como medio para que los diseñadores mostraran individualmente su obra al mundo; una muestra de ello son sus publicaciones Les Robes de Paul Poiret by Paul Iribe (1908) y Les Choses de Paul Poiret (1911), ilustrado por Georges Lepape Debido a la gran cantidad de compradores y periodistas de moda de todo el mundo que viajaba a París para obtener información sobre las últimas tendencias, en 1910 se fundó la Chambre Syndicale de la Courure Parisienne. París estaba sentando las bases de un sistema que le permitiría conservar su hegemonía como centro de la moda mundial. Las mujeres, que debieron asumir la responsabilidad de las tareas de los hombres en la sociedad y la industria durante el conflicto bélico, necesitaban prendas prácticas en lugar de trajes decorativos y complicados. En contraste con los espectaculares cambios en la indumentaria femenina, la masculina sufrió sólo algunas modificaciones menores, como una chaqueta ligeramente más holgada y bajos más estrechos en los pantalones, que permitían una mayor libertad de movimiento.