
Hay que contar con mucho trabajo duro y mucha competencia sana por parte de los compañeros. Para salir adelante hay que implicarse, comprometerse y ser abierto de miras para adquirir nuevas aptitudes y nuevos hábitos, así como aceptar las críticas constructivas. «Probablemente los estudiantes sientan que las críticas son severas, pero creo que quizá sea la primera vez que las reciben. Señalar lo que está mal hecho o detectar la falta de opinión forma parte de mi trabajo. Para construir una marca hay que tener algo en particular: personalidad o una determinada forma de pensar. Tengo cuarenta años y ellos son jóvenes, así que se supone que deben informarme acerca de su generación. Tienen que traerme un cuaderno o algo que no haya visto; no un oscuro libro con cánticos de monjes dominicos, sino una imagen de cómo ven el mundo.»
Los programas de estudios se suelen formular en orden secuencial, y cada proyecto debe ser considerado como un bloque de nuevos conocimientos para ir acumulando destreza y experiencia. Cada uno de los proyectos debe ser considerado como un paso más hacia la independencia, puesto que supone una preparación para el último año y la entrada en el mercado laboral. «No hay que subestimar la creatividad, ni pensar en que incluye compartimentos estancos. Uno debe ser capaz de coser, pero también tiene que saber de historia del arte y de arquitectura. Las prendas son el resultado de lo que sucede a nuestro alrededor. Los proyectos que se realizan durante el primer año sirven para que los alumnos tengan un primer contacto con prácticas habituales como la investigación, el diseño, la ilustración de moda, el patronales y la confección. El estudiante se familiariza con las siluetas, las proporciones, los colores y los tejidos, y con el diseño en sí. La mayoría de los currículos incluyen ropa para mujer, ropa para hombre y proyectos textiles para moda en general, lo que ayuda a decidir una especialidad. Los contenidos relacionados con la historia desempeñan un papel importante en todos los cursos porque abordan el origen y la evolución de la moda y de las artes, la teoría de la moda y la forma en que ésta se inscribe en un entorno cultural. Al final del segundo año algunos alumnos ya empiezan a preparar su proyecto final de carrera.
El segundo año acostumbra a ser más exigente; la práctica profesional e industrial adquiere mayor relevancia. Por lo general, los proyectos son más largos y están más tutelados, lo que incita al estudiante a profundizar más en el diseño, la investigación y la presentación de los trabajos. Se promueve la participación en concursos nacionales e internacionales. En los proyectos pueden intervenir diseñadores, grandes firmas de diseño y detallistas, de modo que son una buena oportunidad para entrar en contacto con la industria, con profesionales y con creadores. Las prácticas en empresas son clave para cualquier programa de formación y a veces se realizan en el extranjero, lo que permite entrar directamente en la industria de la moda. Normalmente se realizan durante o al final del segundo año y duran un plazo negociable: en la mayoría de los casos, entre tres y seis meses. La experiencia sirve para hacer contactos y empezar a colaborar con empresas, así como para identificar y evaluar los puntos fuertes y débiles de uno mismo. Al final de la pasantía se elabora un informe escrito.
El último año culmina con la producción de una colección de «fin de carrera» compuesta por entre seis y ocho diseños. El estudiante tiene un control total sobre el proyecto: están en sus manos las decisiones de diseño, investigación, gestión, análisis y materialización. Las revisiones y pruebas con tutores especialistas le ayudan a no perder el rumbo y conseguir sus objetivos. Por consiguiente, el tercer año se centra en preparar al alumno como profesional para su incorporación a la industria. Gana peso eI desarrollo de una estética personal y la elaboración de un portfolio original y sugerente. El curso termina con un desfile de moda. Una gran oportunidad para que los estudiantes muestren su talento ante la industria y empresarios, y una ocasión también para ganar premios y obtener quizá cobertura mediática nacional, o incluso internacional. No son pocos los diseñadores hoy reconocidos que han aprovechado estos eventos de fin de curso como plataforma de lanzamiento de sus carreras profesionales: John Galliano, Alexander McQueen, Stella McCartney, Marc Jacobs y Bernard Willhelm son algunos de ellos.
El portfolio de estudiante
Al terminar los estudios se compila un portfolio de graduación que incluye proyectos y creaciones presentadas a concurso. El objetivo es mostrar las aptitudes, la creatividad y la capacidad para realizar un proyecto profesional y coherente. Dicho portfolio tiene que realzar la identidad personal y resultar atractiva ante posibles jefes o clientes.
El contenido y la ordenación de los proyectos son importantes, ya que una primera impresión puede generar expectación y despertar interés. Hay que empezar con el mejor proyecto y terminar con el segundo mejor; entre uno y otro deben incluirse otros en los que afloren habilidades diversas: buen uso del color y de las líneas, dominio del espacio, estética personal y agudeza en la utilización de los tejidos. La presentación general debe ser clara, coherente y original. Internet puede ser una herramienta de publicidad ideal. Tener un sitio web propio es una forma de darse a conocer y de publicar proyectos online. Por ello conviene conocer el estilo de la firma y el segmento de mercado para el que trabaja, e incluso adaptar el portfolio a su estética, añadiendo proyectos más adecuados a su estilo. Tras la entrevista, hay que dejar siempre un recordatorio: puede ser una postal, un CD o un DVD, o sencillamente un curriculum con nuestra tarjeta de visita.