
Inicialmente los estilistas se dedicaban exclusivamente a buscar accesorios y el atrezzo para las sesiones de fotos. La figura del estilista como creativo autónomo llegó de la mano de ciertas revistas británicas de los ochenta, como The Face, Dazed and Confused e iD. Las imágenes de la época no estaban manipuladas, a diferencia de las impolutas fotos que aparecen hoy en día en las cabeceras de moda. Las estilistas Katie Grand y Katy England han tenido un papel crucial a la hora de determinar la orientación de grandes marcas de moda y de algunas revistas, lo que, a su vez, ha influido en las tendencias. Katie Grand empezó su carrera en Dazed and Confused y llegó a ser directora de moda de The Face, donde tuvo ocasión deponer en práctica sus impetuosas habilidades. Ella misma lo explica: 《Muchos estilistas trabajan a partir de las prendas para idear la sesión de fotos, mientras que yo lo hago pensando en alguna referencia del mundo de la fotografía, o de las artes plásticas…». Katie es redactor jefe de PoPy consultora de Prada, Miu Miu y Louis Vuitton, entre otras marcas. Katy England se labró su imagen de innovadora en Dazed and Confused y como directora de moda de Another Magazine. Alexander McQueen la fichó como directora creativa para que aportara el estilo y la estética que la caracterizaban, e hizo que se implicara a fondo en todo el proceso, desde la investigación hasta los desfiles. También ha trabajado con Top shop como consultora creativa para la colección 《Kate Moss».
Otra estilista innovadora es Melanie Ward, que supo plasmar su sugerente estilo en las páginas de iDy en numerosos diseños y maRcas, entre ellas Helmut Lang, Jil Sander, Calvr Klein, Yohji Yamamoto y Levi’s. Desde 1995 dirige la edición estadounidense de Harper’s Bazaar, una de las publicaciones más atrevidas en términos de estilismo y fotografía.
La célebre estilista Patricia Field no se dedica a las revistas, sino que se la conoce por ser la estilista de las protagonistas de la popular serie Sexo en Nueva York. De hecho, su trabajo ayudó a lanzar nuevas tendencias de bolsos, gafas de sol y zapatos, y ha hecho aumentar incluso el propio fenómeno de las famosas vinculadas a la moda, que ha seducido a millones de consumidores. Antes de que existiera la figura del estilista, el diseñador asumía por completo la toma de decisiones. Hoy día esto es imposible, ya que los diseñadores deben desarrollar varias líneas, en lugar de una sola. Además, la creciente presión para que las colecciones sean originales y se presenten de forma innovadora en las revistas y en las pasarelas redunda en que la responsabilidad recaiga en los estilistas, que ahora forman parte integral del proceso de comunicación.
El calendario de la moda
El calendario anual de la moda gira básicamente en torno a los cambios de temporada, pero está repleto de eventos que se suceden a un ritmo trepidante. La industria trabaja con vistas a dos fechas de entrega esenciales: primavera/verano (finales de enero y principios de febrero) y otoño/invierno (finales de julio y principios de agosto). Los sucesivos eventos dependen de los plazos de entrega de todo el proceso, que empieza con el concepto y termina con la distribución.
Todas las empresas que intervienen en este sector, desde los cazas tendencias hasta los detallistas, pasando por los fabricantes, tienen que organizarse y planificar bien su actividad para cumplir con el calendario. En paralelo, los organizadores de ferias y semanas de la moda como el British Fashion Council, Première Vision o IMG deben coordinarse para solapar sus convocatorias y no coincidir. A continuación, se muestra el calendario típico de una marca de prêt-à-porter, con los eventos clave que conforman los doce meses.
El calendario de producción
Es la planificación temporal de la confección de las colecciones primavera/verano y otoño/invierno. Tal como muestra el calendario, los procesos de producción, investigación y diseño para las dos temporadas se solapan. La planificación ayuda a detectar posibles fallos o problemas que podrían afectar a la entrega de la mercancía (pedidos no cerrados a tiempo porque los botones no eran del tamaño adecuado, por ejemplo). Una gestión eficaz y eficiente resulta crucial a todos los niveles, pero es fundamental sobre todo para las pequeñas firmas independientes, que tienen que hacer verdaderos malabarismos para permanecer a flote durante los intervalos entre temporadas. El proceso continuado de diseño y producción es una forma eficiente de trabajar en términos económicos y de liquidez, ya que secuencia los plazos de producción, entrega y pago.
Los plazos de entrega son capitales para evaluar los recursos necesarios y poder completar una colección desde el concepto hasta su venta en tienda. Para el punto de venta es vital que los plazos sean cortos, ya que así aseguran una rotación constante y ágil de novedades durante toda la temporada (presentadas como segundas líneas o colecciones de pretemporada). Así la gestión de la producción tiene que estar milimetrada para cumplir con los plazos cortos. La mayoría de las cadenas comerciales que sirven al gran mercado disponen de plantas de producción en el extranjero, sobre todo en Asia, por cuestión de costes. Sin embargo, hay que contar con posibles demoras en el transporte de la mercancía desde otro continente. A diferencia de sus competidores, la española Zara tiene equipos de diseño y centros propios de producción y distribución en España. Y su estrategia ha resultado acertada: los productos tienen mucha rotación y cualquier problema se puede resolver in situ; no surgen complicaciones relacionadas con el transporte.