El resurgimiento de la alta costura parisina

Después de la confusión causada por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial en los años cincuenta, la sociedad entró en una era de consumo de masas en los sesenta. La dinámica de la producción masiva se podía ver en todos los sectores del mundo de la moda. Proliferaban las innovaciones tecnológicas, cuyo mejor ejemplo podría ser la exploración espacial, y ello aceleró el desarrollo de las fibras artificiales. Como resultado, apareció una indumentaria a precios razonables y de buena calidad que se llamó prêt-à-porter (ropa de confección). La alta costura, la autoridad de la moda aceptada hasta entonces, ya no parecía ofrecer diseños que se adaptaran al estilo de vida cotidiano y funcional de la nueva era de posguerra. Durante los años setenta, a medida que la estética social pasaba por una drástica transformación, hubo una demanda de ropa nueva para el gran público. El prêt-à-porter proponía una indumentaria para mujeres activas y trabajadoras, y llevó la moda a un nuevo nivel de popularidad. La moda de la calle también resultó ser una fuente importante de inspiración para la creación de prêt-à-porter. A partir de los años setenta, el prêt-à-porter hizo posible que la industria de la moda se desarrollara y diversificara. Hacía tiempo que París era la capital de la moda y de una refinada artesanía, pero ahora otras ciudades entraron en ese círculo y se convirtieron en prósperos centros de nuevas tendencias propias. A finales del siglo XX era posible ver, encargar y enviar ropa de moda a cualquier parte del mundo, instantáneamente, gracias a medios de comunicación como la televisión o Internet. Por consiguiente, la moda actual parece que se está dirigiendo hacia una uniformidad universal.

La alta costura parisina se vio muy afectada durante la Segunda Guerra Mundial, pero empezó a revitalizarse cuando Paris fue liberada de la ocupación alemana en 1944. Aunque la guerra había terminado, reinaba la confusión y la gente parecía incapaz de disfrutar plenamente de la paz. El “New Look” era un estilo nostálgico y elegante, caracterizado por hombros redondeados y un busto alto y realzado, con una diminuta y entallada cintura, una falda más bien. Para confeccionar un vestido “New Look” se precisaban metros y metros de material. Para las mujeres, que se habían visto forzadas a vestir de una manera austera y sencilla durante la ocupación, esta ostentosa utilización de material confirmaba el hecho de que la guerra realmente había terminado. Durante los cincuenta, Dior presentó una serie consecutiva de nuevos diseños cada temporada y su producción tuvo un tremendo impacto en el mundo de la moda.

Balenciaga era uno de los pocos diseñadores que tenía experiencia práctica en las técnicas de confección, y buscaba la perfección en cada corte y cada costura. Sus diseños de líneas creativas, con un original espacio extra entre la prenda y el cuerpo, y unos colores exquisitos, parecían obras de arte; por ello se le dio el nombre de “el maestro”. Además, como sus vestidos no precisaban ropa interior que moldeara el cuerpo, también eran famosos por su comodidad. Su traje de cuello redondo y el vestido suelto y sin cinturón, ligeramente entallado, de los años cincuenta, se convirtió en la base de las prendas femeninas durante la segunda mitad del siglo XX. En 1954, Gabrielle (Coco) Chanel, que había dejado de trabajar durante la Segunda Guerra Mundial, regresó a la moda de forma espectacular. Tras la moda nostálgica de los años cincuenta, las mujeres empezaron de nuevo a buscar la comodidad en el vestir, y Chanel volvió a presentar el “traje Chanel”. Con su estructura simple y funcional, los trajes Chanel tuvieron una aceptación mundial en los sesenta y acabaron por representar el estilo del moderno siglo xx; más adelante este mismo tipo de traje fue adoptado por el mercado internacional del prêt-à-porter. Aunque la alta costura parisina estaba destinada a quedar aislada de las demandas de la emergente sociedad de consumo, siguió dando muchos diseñadores de talento en las décadas de 1950 y 1960. La gente llegó a apreciar de nuevo el valor de la alta costura tradicional, y compradores y periodistas de moda de todo el mundo se reunían en las exhibiciones que dos veces al año se celebraban en París, que volvió a convertirse en la capital mundial de la moda. La infraestructura económica de Francia resultó muy beneficiada por el establecimiento de un negocio de licencias para aprobar el copyright del “griffe” o ropa “de marca”. Además, la regulación de las ventas de patrones para ropa legalmente aprobados, conocidos como toile, y la potente industria del perfume, ayudaron a reforzar el mercado de la moda parisino.