
En los años sesenta la generación de los baby boomers alcanzó la edad de diez años, y la era de la producción en masa y la sociedad de consumo llegaron a su madurez. La revuelta estudiantil parisina tuvo lugar en mayo del 68 y la llegada del hombre a la Luna en 1969. En medio de tales acontecimientos, la joven generación buscó su propio y distintivo modo de expresión y la poderosa nueva cultura americana fue una elección obvia. Se podía oír la voz de la juventud en las letras de las canciones de grupos ingleses como The Beatles, y sus preocupaciones quedaban reflejadas por el movimiento cinematográfico francés de la nouvelle vague. También la moda se propuso expresar nuevas y atrevidas emociones.
Los jóvenes creyeron que mostrar su físico era la manera más efectiva de diferenciarse de las generaciones anteriores En 1964, el diseñador americano Rudi Gernreich presentó un traje de baño sin la parte superior, el “monokini”, que claramente representaba un nuevo concepto del cuerpo: la llamada “conciencia corporal”. El vestido que dejaba a la vista las piernas hasta los muslos se llamó “mini”, y resultó una manera más sencilla y práctica de expresar el mismo concepto. Las piernas desnudas de la moda femenina, que también pudieron verse en los años veinte, fueron pasando por varias etapas conceptuales en los sesenta. Marshall Mc Luhan insistió en que la ropa es una extensión de la piel, e Yves Klein expresó su pensamiento en su obra de arte Anthropometry. La diseñadora londinense Mary Quant también tuvo un papel importante a la hora de llevar la “mini” al mundo de la moda y recibir la aceptación como el estilo normal del siglo xx. Lo mismo se podría decir de los minivestidos de André Courrèges, exhibidos contra el poderoso telón de fondo de la alta costura parisina.
Antes de que se hubiera calmado la conmoción causada por la minifalda, el pantalón llegó al mundo de la moda femenina. Aunque el estilo garçonne de entreguerras había introducido una imagen andrógina con chaquetas sastre como prendas de moda femenina, en esa época los pantalones se reservaban para la casa o la playa. En Estados Unidos, los pantalones vaqueros, originalmente creados como prenda de trabajo, se convirtieron en atuendo informal tanto para hombres como para mujeres en los años treinta. A continuación, tras la Segunda Guerra Mundial, los pantalones fueron aceptados como una prenda femenina informal. La tendencia influyó en la alta costura y cuando Courrèges presentó un conjunto pantalón como vestido de noche en el año 1964, el tabú que pesaba sobre esta prenda en la alta costura femenina cayó definitivamente. Los trajes pantalón se convirtieron en algo de lo que todo el mundo hablaba.
Los vestidos también causaron sensación. Con su debut en la alta costura, en 1953, Pierre Cardin enterró la elegancia clásica de los años cincuenta, pero su indumentaria minimalista estaba más en sintonía con el prêt-à-porter que se impondría en breve. En 1959, Cardin presentó su línea de prét-à-porter por primera vez como miembro de la Chambre Syndicale, el organismo regulador de la alta costura parisina. Además, en 1960, irrumpió en el mundo de la moda masculina, que hasta entonces había sido dominio celosamente custodiado de los sastres, con un sistema que no había variado apenas desde la Revolución Francesa. Hacia finales de los sesenta, los hombres llevaban el pelo largo y vestían ropa de vivos colores, con encaje y adornos, con lo que este período se ganó el adecuado sobrenombre de “la revolución del pavo real”.
Yves Saint Laurent, abanderado entre los jóvenes diseñadores, también era extremadamente sensible a las tendencias sociales. Se independizó de Dior en 1961 y cinco años más tarde abrió una boutique de prêt-à-porter, Saint Laurent Rive Gauche, con una línea de pantalones sastre como moda urbana femenina. Los disturbios del mes de mayo del 68, que tuvieron un profundo impacto en los valores sociales franceses, también contribuyeron a la popularización del estilo pantalón. En otra maniobra en consonancia con los tiempos, Saint Laurent creó una manifiesta fusión de moda y arte con dos de sus modelos, el “Mondrian Look” de 1965 y el “Pop Art Look” de 1966.
Los nuevos materiales artificiales abrieron diversas posibilidades para una moda minimalista con los futuristas y sintéticos estilos de los sesenta. Aunque Elsa Schiaparelli había experimentado con tejidos de fibra artificial ya en los años treinta, sus intentos habían sido considerados excepciones de carácter radical. En el mundo de la alta costura, Paco Rabanne tuvo un espectacular debut en 1966 con un vestido confeccionado casi totalmente con plástico. Fue Rabanne quien por primera vez se alejó de forma sistemática de la idea de que sólo se podía utilizar tela para confeccionar prendas, y siguió adoptando metales y materiales no tejidos para la ropa.
La fiabilidad de las fibras artificiales, producidas en masa, respaldó el desarrollo de la industria del prêt-à-porter. En 1935, W. H. Carothers inventó el nylon (o nailon), la primera fibra artificial, en la DuPont Company de Estados Unidos. En 1940 la compañía lanzó las medias de nailon, que rápidamente alcanzaron una gran popularidad. Pronto le siguieron otras fibras artificiales para la confección. Imperial Chemical Industries (ICI) lanzó el poliéster al mercado en 1946 y DuPont creó el material elástico Lycra en 1958. Al principio las fibras artificiales eran consideradas un sustituto inagotable y barato de los costosos materiales naturales, pero a mediados del siglo xx los tejidos sintéticos empezaron a ser apreciados por sus diversas prestaciones y sus exclusivas texturas.