La marca argentina Dignos volvió a hacerlo.Su equipo creativo presentó una nueva línea de gafas que confirma algo que ya se intuía: el diseño puede ser inteligente sin perder emoción. Y eso, en estos tiempos, es casi una rareza.

Las gafas dejaron de ser un simple accesorio. Ahora forman parte del rostro, cuentan quiénes somos o cómo nos sentimos. Y en Dignos lo entienden mejor que nadie.
Por eso, además de materiales nobles y líneas precisas, sumaron a la inteligencia artificial como herramienta de trabajo. Pero no para reemplazar al diseñador: para abrirle nuevas posibilidades.
Diseñar con datos, decidir con instinto
El proceso creativo de las gafas empieza mucho antes de tocar un material. La inteligencia artificial permite analizar proporciones, gestos y hasta la reacción del color y la luz según el clima o el momento del día (o la noche). A partir de tener esos datos va a proponer combinaciones, formas, curvas, entre muchas otras cosas.
¿El último paso? Está de la mano del ojo humano. La emoción, lo que transmite. Eso lo decide el diseñador.
En el estudio, el equipo prueba una y otra vez hasta que el modelo se siente bien.
No se busca solo “quede lindo”, la idea es que acompañe el gesto, que tenga coherencia con quien lo usa. “La IA nos da información, pero la emoción la ponemos nosotros”, dicen desde el equipo de diseño de Dignos. Y ahí está la diferencia: cualquier algoritmo puede hacer cálculos perfectos, pero solo una persona sabe si transmite algo o no.
Dignos de dìa, Dignos de noche
Ya no se usan las gafas solo para protegernos del sol. Son parte del look diario del día y de la noche. Por eso, la nueva colección de Dignos trae modelos que funcionan tanto bajo la luz natural como en ambientes interiores. “Queríamos crear un accesorio que se sienta cómodo todo el día”, cuentan.
Y lo lograron: son piezas versátiles, pensadas para transitar desde una caminata en la ciudad hasta una cena o un evento nocturno.
La inteligencia artificial colabora simulando cómo cambian los reflejos según distintos tipos de luz. Así, antes de fabricar cada par, el equipo ya sabe cómo se va a comportar en distintos escenarios.
Eso permite reducir desperdicios y lograr una precisión difícil de alcanzar solo con prueba y error. Pero el resultado final sigue siendo artesanal. Cada modelo pasa por las manos del equipo de control, que ajusta brillo, peso, equilibrio. Porque la tecnología puede sugerir, pero no puede sentir.
Gafas que cuentan historias
Si uno observa los modelos de Dignos, hay un hilo que los une: la coherencia.
No hay nada forzado, ni detalles innecesarios. Las formas son naturales, los colores también. ¿Por qué? Porque la marca no busca el impacto inmediato, sino que la relación sea a largo plazo. Las gafas no son descartables, son duraderas, acompañan, se integran al rostro en cualquier momento del día y de la vida. Y eso también tiene que ver con su filosofía de producción.
Desde la marca destacan que apuestan siempre por la durabilidad y el diseño consciente. El haber sumado a la IA al equipo sirve, además de ayudar a crear, a optimizar materiales y evitar desperdicios innecesarios. Cada ajuste, cada corte, se calcula para aprovechar al máximo los recursos. Y detrás de todo eso hay una idea simple: si se produce menos, pero mejor, todos ganan. El usuario, el entorno y el propio diseño.