El ciclo de la moda

Se trata de una secuencia de actividades que sigue eI ritmo de todo el proceso, desde el concepto hasta la comercialización de las colecciones cada temporada. Cada actividad conlleva un trabajo especializado y representa una pieza del engranaje que hace que la maquinaria funcione. A diferencia de lo que se cree, el papel del diseñador no se basa solamente en la innovación y la creatividad. En el siguiente recuadro se identifican y definen las distintas funciones que debe desempeñar para que el producto final cumpla su objetivo. Junto con el rol de visionario y líder creativo, un diseñador debe dominar el 3D, conocer los métodos de fabricación. tener conocimientos de comunicación, de contabilidad, de gestión y de producción, así como entender las dinámicas del mercado 

Colecciones de temporada y de pretemporada

Primavera/verano y otoño/invierno son las dos colecciones más importantes del año, y de hecho para la mayoría de las marcas pequeñas e independientes siguen siendo las únicas. Sin embargo, en un intento por aumentar las ventas y la cuota de mercado, grandes firmas de diseño ya consolidadas, como Chanel o Ralph Lauren, lanzan otras líneas alternativas de venta estacional, a menudo concebidas para un momento del año particular. Se trata de las colecciones de pretemporada: de crucero para los que viajan a zonas cálidas en invierno o de Navidad para la precampaña navideña.

Las grandes cadenas comerciales también emplean el fast fashion, que les permite lanzar nuevas colecciones de pretemporada, de crucero o de Navidad, y ampliar, por ejemplo, la gama de colores varias veces en una misma temporada. Se trata, fundamentalmente, de añadidos derivados de la colección principal. Mediante técnicas de marketing y tácticas de posicionamiento de marca como la de batizar las colecciones con nombres y dotarlas de significado otorgan cierta independencia y originalidad a los diseños. Respecto a las colecciones únicas que lanzan la mayoría de las marcas independientes y de prêt-à-porter, suponen una ampliación de la oferta. No obstante, las pequeñas marcas intentan no perder competitividad y asegurar su supervivencia económica con avances de colección que aparecen entre uno y tres meses antes que la colección principal. A diferencia de ésta, que se presenta en la pasarela para llamar la atención y complacer a la prensa, estos avances de moda se consideran una importante herramienta de ventas: sirven para que los clientes se hagan una idea de la colección, de las propuestas, y poder así adelantar pedidos.

El papel de las ferias

Las semanas de la moda y otros eventos son básicamente actividades publicitarias que desempeñan un importante papel en el calendario de la moda. Cada encuentro es capaz de generar y alimentar un aura de exclusividad. Los diseñadores y sus colecciones tienen la oportunidad de dejarse ver y ganarse el apoyo de revistas de moda influyentes. A la industria le va bien contar con estas semanas porque estimulan el interés de los compradores y de la prensa, pero además benefician al comercio local de la ciudad que las acoge: hoteles, restaurantes, bares y tiendas de moda, sobre todo. Los desfiles de alta costura y prêt-à-porter que se celebraban a principios y mediados del siglo xx respondían básicamente a intereses publicitarios y comerciales de los diseñadores de París. La Chambre Syndicale insistía en que sus miembros crearan y presentaran colecciones de temporada dos veces al año: primavera/verano en enero, y otoño/invierno en julio. Una pauta clave que se ha mantenido hasta hoy y que imitan los diseñadores de prêt-à-porter, si bien alterando los periodos para evitar coincidir, maximizar la cobertura mediática y facilitar la asistencia a ambos eventos.

La quiebra de la industria tradicional de la alta costura y el desarrollo de una nueva jerarquía de la moda contribuyeron a la formación del competitivo panorama actual, que gira en torno a dos semanas. Ser coronada «capital mundial de la moda» conlleva beneficios económicos para los diseñadores, la industria local y el país en su conjunto. Los cuatro grandes centros de la moda son Nueva York, Londres, Milán y París. Cada ciudad tiene su estilo propio, construido sobre la base de sus características y su patrimonio cultural, que a su vez influyen de manera significativa en la visión que proyectan de la moda. Los diseñadores que desean ser asociados específicamente a una ciudad, por lo general están afincados allí o desfilan a menudo en ella. Las semanas de la moda también son una oportunidad para los nuevos talentos, ya que pueden aprovechar para exhibir sus propuestas y dejarse ver. Además, las colaboraciones estratégicas entre estilistas, peluqueros, maquilladores, productores y diseñadores atraen una extensa cobertura mediática y pueden generar tendencias para la temporada. Aunque la prensa y los compradores internacionales se mantienen fieles a las cuatro grandes capitales, han empezado a emerger nuevas ciudades São Paulo, Tokio, Shangai, Sidney y Bombay, entre otras que se reivindican como capitales de la moda por derecho propio. Todavía no disponen de una infraestructura tan sólida como la de sus competidoras veteranas, y por eso el éxito comercial y el reconocimiento internacional que consiguen son limitados, pero el panorama podría cambiar mucho en los próximos años.