
Gradualmente, Japón adoptó atuendos occidentales para uso cotidiano durante el período Meiji (1867-1912) y se montó en la ola de la moda internacional tras la Segunda Guerra Mundial. Con el exitoso debut de Kenzo Takada en París, en 1970, y respaldados por la prosperidad económica de la posguerra, los diseñadores japoneses finalmente consiguieron subir a las pasarelas de la moda internacional. Issey Miyake llevó su primer pase de moda a Nueva York (197I) y a París (1973). Su significativo concepto de “un trozo de tela” subrayó la idea de una prenda plana, que es la estructura tradicional de la indumentaria japonesa. Miyake sostuvo que cubrir el cuerpo con una sola pieza de tejido crea un interesante ma (espacio) entre el cuerpo y la tela. Como la figura de cada persona es diferente, el ma es único en todos los casos, y ello crea una forma individual. El concepto difería radicalmente del que sostenían los occidentales. Al invertir este proceso y plegar la prenda después de la fase de corte y confección, Miyake creó artículos nuevos que orgánicamente combinan materiales, formas y funcionalidad. Sus innovadoras creaciones se apoyan en la industria textil japonesa, cuyo punto fuerte es la ingeniería química, así como el tratamiento japonés tradicional de la indumentaria, que realza el propio material. En 1999, Miyake introdujo el “A-POC”, que proponía una ética totalmente nueva para el vestuario del futuro. Combinando moderna tecnología informática con métodos tradicionales de tejer el punto, creó prendas de talla única que se presentan como un tubo de punto. La persona que lo lleva corta las formas deseadas a partir de este tubo, consiguiendo con ello de forma automática una prenda hecha a medida.
En 1982, Rei Kawakubo y Yohji Yamamoto causaron un sorprendente impacto en el mundo de la moda occidental. Presentaron una ropa monocromática, rota y nada decorativa, que llevó el desaliño a la moda para expresar intencionalmente un sentido de ausencia en lugar de existencia. Kawakubo, siempre insatisfecho con las ideas preconcebidas, ha seguido aceptando nuevos retos. Yamamoto, por el contrario, más acorde con los principios occidentales de la indumentaria, ha encontrado su sello personal sintetizando la confección europea con la sensibilidad japonesa. Por último, como miembro de la siguiente generación de diseñadores japoneses, Junya Watanabe ha producido ropa que utiliza un corte innovador y las características propias de las fibras artificiales.
Los creadores japoneses han influido de forma notable en el mundo de los jóvenes diseñadores de moda al expresar consciente o inconscientemente, su sentido de la estética japonés. Parte de la razón de su fuerte impacto sobre el mundo de la moda podría radicar en la sugerencia implícita que contienen sus obras acerca de que la indumentaria internacional puede proceder de otra cultura que no sea la occidental.
Diversificación de valores
No hay duda de que los últimos años del siglo xx han sido testigos de cambios radicales en los sistemas sociales. También el mundo de la moda fue evolucionando hasta convertirse en una industria gigantesca, sorprendiendo al mundo con notables progresos gracias a las tecnologías de la comunicación, como la televisión e Internet. El apasionamiento por las marcas hizo que las personas reconocieran que la moda es algo más que meros objetos, ya que ofrece información por sí misma y sobre ella misma. Al mismo tiempo, el deterioro del medio ambiente global puso en cuestionamiento la cultura material del sistema de la moda. Como respuesta, se puso atención en la ropa usada, reciclada o recompuesta, así como en las prendas de alta costura que no han sido producidas en masa. Por ejemplo, el belga Martin Margiela, que debutó en París en 1989, recicló sus propias creaciones y repetidamente presentó las mismas prendas en diversos certámenes. Su enfoque expresaba una objeción a un sistema de moda que continuamente crea cosas nuevas y descarta las viejas. Su propuesta de reciclar fue muy aplaudida en los años noventa. Hacia finales del siglo xx, en directa oposición a las postrimerías del siglo anterior, la ropa había sido despojada prácticamente de todo hasta llegar al cuerpo desnudo. Que la moda parezca repetir ciertos estilos es algo inevitable, ya que la forma del cuerpo humano limita las opciones. No obstante, el resurgimiento de antiguos estilos tiene que ser considerado cada vez como una expresión completamente nueva del momento actual, ya que surge de un contexto social diferente. El Instituto de la Indumentaria de Kyoto (KCI) ha intentado revelar las circunstancias y preocupaciones sociales prevalentes en la historia mediante el estudio de la indumentaria, que representa la cultura y el aspecto estético de aquélla. Ha transcurrido un cuarto de siglo desde que el KCI lanzó sus colecciones e inició sus investigaciones sobre la indumentaria occidental. Gracias al vestuario, cada escena de la historia de la humanidad la lujosa cultura de la corte, el despertar de la sociedad moderna, la evolución hacia la sociedad de consumo queda representada de forma clara y tangible. Estamos seguros de que en el siglo XXI las personas seguirán expresando nuevas formas de la ética de la belleza mediante la indumentaria.