Dignos, el diseño que siente

La inteligencia artificial ya es parte de la moda. La ropa, el calzado, los accesorios y las gafas se van a conectar con tu estado de ánimo y tu identidad, no solo con tu rostro y con tu cuerpo. ¿Cómo? Te lo contamos en esta nota:

Desde hace no mucho tiempo, la inteligencia artificial está aprendiendo a analizar más allá de las formas y los colores. Los gestos, expresiones y emociones están pudiendo ser detectados. La marca argentina Dignos utiliza esta tecnología para crear gafas y accesorios auténticos y con estilo personalizado.

Los lentes no se usan solo para ver mejor o protegernos del sol. Se convirtieron en un accesorio que nos da estilo, personalidad y un lindo detalle a nuestro rostro. Dicen mucho de nosotros… ¡y ahora más!, porque la IA puede entender qué sentimos y qué nos conviene usar. 

Más allá de analizar puntualmente datos e información, se está desarrollando que la inteligencia artificial pueda combinarse con la inteligencia emocional. O sea, que usando cámaras y algoritmos se va a interpretar nuestros gestos faciales por más pequeños que sean. También las expresiones, todos de voz, y todo aquello que ayude a descifrar las emociones humanas. 

Productos que conectan con vos

La marca Dignos lleva la delantera. No busca hacer productos masivos para un público masivo, sino que apunta a lo personal, a lo identitario, al estilo propio.  Los diseñadores se apoyan en la inteligencia artificial para esto. Así los productos que venden, hablan de quiénes somos. 

Hasta hace muy poquito la inteligencia artificial solo podía enfocarse en la eficiencia. Por ejemplo, en cómo se puede usar menos tela para reducir costos, desperdicios, etc. ¡Y eso está buenísimo! Pero ahora la conversación se está moviendo hacia otro lugar: la IA pasó de ser una mera calculadora a una compañera de trabajo que tiene capacidad de entender lo que no se dice con palabras o datos. 

Por ejemplo, Dignos lanza un nuevo modelo. A partir de esto, con la tecnología se va a poder analizar la cantidad, el público, la edad, etc. También se puede tener info sobre las reacciones de un grupo de prueba: ¿Qué gestos hacen al probarse las gafas? ¿Cómo se mueve su rostro? ¿Qué emociones refleja? ¿Se sienten más confiados? ¿Relajados? ¿Divertidos? ¿Serios?… Toda información invisible que sirve muchísimo para el trabajo del diseñador. Sería algo así como un feedback en tiempo real.

Además, esto no queda solo en el proceso de diseño y creación. También se puede aplicar al momento de compra porque se puede simular un probador virtual que no solo te muestre cómo te queda, sino que te sugiera modelos basados en tu lenguaje corporal, por ejemplo. 

No se trata de que la máquina decida por vos, sino que te ofrezca opciones: si la IA detecta que sos introspectivo, puede que te siguiera un modelo minimalista. O si te nota extrovertido, te quedaría mejor algo más audaz. Todas son opciones que van con vos. 

Diseño con amor y algoritmo

No hay duda de que el rol del diseñador sigue siendo importante y central. No, nada lo va a reemplazar. La inteligencia artificial puede entender todo sobre las emociones, pero no las puede sentir. Lo que se cuenta en un producto terminado, esa historia va a depender siempre del ser humano. No hay tecnología que pueda ocupar ese lugar. Al menos no por ahora. 

Es una combinación de tecnología y humanidad. El creativo toma la info que le da la IA—gestos, emociones, sensaciones— y lo traduce en algo tangible, hermoso, con estilo. 

Al poder lograrse el equilibrio entre la tecnología y el diseñador, el resultado está garantizado (además de ser fascinante). ¿Por qué? Porque la inteligencia artificial va a procesar, analizar y proponer, mientras el diseñador aporta el sentir, la intuición y la creación. Y esta es la filosofía que propone Dignos en su marca: cruzar tecno con la sensibilidad. ¿El resultado? Hermoso diálogo entre el dato y la emoción en un solo producto. 

Es cierto que hay un desafío ético real y clarísimo en relación a la privacidad de datos. Si la inteligencia artificial va a ser la encargada de entender y analizar nuestros gestos y emociones, lo tiene que hacer de forma segura y transparente. La personalización marca tendencia. La inteligencia emocional aplicada al diseño tiene un gigantesco potencial. 

Es un cambio de paradigma. La moda dejó de ser una cuestión de estética, ahora también es una forma de comunicación. Y ya no va más lo impersonal: la tecnología está ayudando a ser más personal e íntima. 

El futuro del diseño —¿y por qué no?, el presente— no está en hacer más productos, sino en hacer productos que se sientan más humanos, que se adapten a nosotros, a nuestra personalidad, a nuestra emoción.