
Como signo de la nueva importancia que cobra la moda, el 28de abril de 1905 se fundaba la Unión Comercial de Sastres, primera asociación de todos los sastres masculinos, que va a conservar su nombre hasta 1941, cuando toma el de Cámara Argentina del Vestir, pero sus asociados siguen siendo sastres de trajes de hombre. Durante todos esos años participó de los acontecimientos sociales, económicos y estéticos del país, convirtiéndose en semilla fundadora de la actual Cámara Argentina de la Moda. Los grandes sastres masculinos de la época que, a excepción del español Francisco Sebastián, eran casi todos italianos como Coletta y Amoresano, Eustaquio Grenni, Vicente Marolda, Ricardo Spatola, Francisco Marquinez, Fernando Redal y Levalle que estaba en Florida al 600, habían hecho su escuela en Italia y al llegar a la Argentina entraban como aprendices en las casas de los sastres conocidos hasta que lograban practicar el oficio con maestría. Existían en esos años importantes casas de hombres que se sumaron a las ya instaladas en el siglo anterior, entre ellas Brighton en Sarmiento al 600, que desde principios de siglo continuó en el mismo lugar hasta la década del 60, Casa Tow en Florida y Cangallo, Ellis y Redal que se instaló en la década del 20 y MacHarry Brown, una casa muy grande sobre Cangallo que vendía también ropa sport. A pesar del avance de los sastres italianos que hacían una moda masculina influenciada absolutamente por Inglaterra, algunos argentinos elegantes encargaban su ropa en Lanvin de París, que también confeccionaba las chaquetillas de los jockeys con los colores de los studs más importantes. Los herrajes, que completaban los conjuntos de estos elegantes argentinos, botones y hebillas de cinturones que eran numerados, se encargaban a la casa francesa Hermès. La casa Lanvin para hombres abrió durante esos años una representación en Buenos Aires.
La aceleración del crecimiento de la sociedad argentina en los últimos años del siglo anterior permitió la formación de una numerosa clase media, surgiendo además como nuevo segmento del mercado consumidor un proletariado urbano moderno, que demandaba un tipo de ropa especial: la ropa de trabajo. Este mercado era abastecido por dos importantes firmas: la casa de uniformes de trabajo Roveda en Cangallo y Callao, que ejercía una activa competencia que se reflejaba en la publicidad y la famosa ropa de trabajo Coppa y Chego, de cinco costuras. Pascual Coppa, llegado al país desde Italia a los quince años, donde había nacido en 1895 en la provincia de Pavía, comenzó trabajando en el corretaje de telas de la firma textil Trabuco Hnos. Sin mayor conocimiento del idioma salió a recorrer las provincias, que eran plazas marginales no visitadas por otros vendedores. Al lograr importantes ventas, planteó a los dueños de la empresa una participación en las ganancias. Estos se negaron. Entonces con el capital que había formado con las comisiones de las ventas, decidió proponerle a su amigo Luis José Chego (contador también de la firma Trabuco Hnos.) la formación de una sociedad para la venta de ropa.
Así nació en 1920 la firma “Coppa y Chego” que, en 1921 tuvo su primera casa de producción y venta en Leandro N. Alem entre Tucumán y Viamonte. Era allí, en la planta de arriba de ese local, donde Pascual Coppa cortaba las encimadas de tela fusatti (importada de Italia) a cuchilla, única forma en ese entonces de cortar telas encimadas; para luego entregárselas a las costureras que retiraban los lotes y los traían ya confeccionados. Pasados los años, la Casa Central se trasladó a 25 de mayo al 500, predio que fue comprado a la viuda del doctor Juárez Celman. El famoso logotipo del hombre y del perro tirando del pantalón, que nació de la idea de un amigo y paisano que vivía en General Roca, provincia de Río Negro, comenzó a multiplicarse en numerosas sucursales a partir de entonces. Años más tarde entraron en la faz industrial, diversificando sus productos hasta llegar a tener más de 100modelos distintos en ropa de trabajo. Actualmente sus descendientes continúan la firma y sus proyectos. En cuanto a las casas de modas femeninas que durante este tiempo funcionaban en Buenos Aires, algunas, como Carrau, se habían fundado el siglo anterior; otras, como Henriette, Astesiano, Moussion, Campana, Jean et André, Palau, Fortuni, Madame Suzanne, Tomé y Saint Félix, se instalaron en la época.
Enrique Astesiano, hijo de Máximo Astesiano, fundador en 1916 de la casa de modas “La Moda”, y continuador de la obra de su padre, nos dice: “Mis padres estaban vinculados a talleres de sombreros con anicrioridad al año 1916. En esa fecha ponen una casa de sombreros que era más bien una fábrica por el movimiento que desarrollaba. Mi padre hacía sombreros para Harrods, Gath & Chaves, La Ciudad dc Londres, La Ciudad de México y todo el interior.
“En cl año 1926 deciden ampliar el negocio, trayendo de Europa una colección de vestidos que su taller iba a reproducir, abandonando la confección de sombreros al por mayor. El taller estaba en la calle Lavalle al 800, que en esa época era una calle de casas de modas; del 700 al 900 se podían ver, cuando llegaban las importaciones de Francia y Checoslovaquia, dos pisos de grandes cajones que ocupaban toda la vereda: se traían telas, plumas, broches, hebillas y hasta los botones.