
Algunos diseños, que en la época eran llamados “futuristas”, repiten una línea “trapecio” apoyada en el cuerpo, angosta en la bata que se abre en una falda con forma que termina sobre las rodillas y se confeccionaban en géneros con formaciones geométricas de jacquard. Hacia 1969, en cl mundo se hace notoria la influencia de la moda italiana que había comenzado a insinuarse unos años antes. En Buenos Aires se interesan por las creaciones italianas, más femeninas y más prácticas que las francesas, con coloridos y texturas particulares. Tiene un singular éxito sobre todo una creación de Fontana de Roma: los manlellotwin, que cran unos tapados cortados junto con el vestido o la chaqucta del tailleur formando una sola pieza. Para la noche brillan los colores y alhajas de estilo renacentista.
Para sport, los pantalones que se acompañaban con largos chaquelones y plataformas, que había recreado en 1967 Dalila Puzzovio. Todavía se seguía pensando que los pantalones eran “una vestimenta para estar cómoda en invierno, para el campo”, según opinaban Ungaro y Bohan. Sólo Courrèges declara: “Algunos de mis colegas dicen que los pantalones completan la falda, pero yo sostengo que pueden sustituirla en todo y para todo”. Una de las opciones más elegidas en la Argentina de los años 60 fue indudablemente “los conjuntos de banlon” de distintos colores, formados por un suéter de mangas cortas con cuello al ras y un saco de mangas largas y angostas, prendido adelante con pequeños botones al tono. En invierno se usaban los suéters de cachemira “Burma”, con las faldas rectas haciendo juego en el mismo tono y mocasines. Los mocasines fueron característicos de la década del 60, tanto en la moda femenina como masculina, y representaba parte del uniforme de los politizados “caqueros”, junto a los pantalones primero ceñidos y estilo Oxford hacia los años 70 y los bigotes “a lo Tacuara”.
Hacia 1962, cuando se producía el “estallido de la moda joven”, la moda oficial masculina en la Argentina, al intuir la nueva época que comenzaba, impulsa la fundación de la Confederación Argentina del Vestir, integrada por representantes de sastres que hacen su primer Congreso Sartorial en 1964, incorporándose al ente internacional de Maestros Sastres en 1968. Es entonces cuando los grandes Maestros Sastres comienzan a viajar a los congresos que se hacían cada cuatro años en un país distinto. Al principio, cada uno desfilaba personalmente sus creaciones, pero ya a principios de la década del 70, debido al resultado desparejo del desfile por las diferentes medidas y alturas de cada sastre, decidieron elegir como modelos oficiales exclusivos a Ante Garmaz y Eduardo Yané.
Cuando al final de la destellante década del 60 el hombre pisaba la luna, la ilusión de una moda espacial se diluía. Yves Saint Laurent recuperaba el timón de la alta costura y las cosas volvían lentamente a su lugar. Se da por terminada la crisis de cambio y los ciclos industriales retornan a su acostumbrada secuencia. La guerra de Vietnam y sus consecuencias iban a modificar el clima que se vivía, determinando una nueva época para nada propicia a las anarquías creativas. Había cambiado el modo de vivir. La profunda crisis de los años 60 significo un cambio considerable en la manera de sentir y vivir la moda. En la nueva filosofía, la moda aportaba a sus tradicionales funciones la posibilidad de transformarse en un medio de expresión y comunicación auténtico del ser y el querer ser de las personas. Se comenzaba a privilegiar como función dominante de la moda, la comunicación y adaptación al medio, disminuyendo el lugar de importancia que ocupaba hasta entonces la necesidad de utilizarla como un medio de distinción y adorno.
Así como Paul Poiret a comienzos del siglo y Christian Dior al terminar la Segunda Guerra Mundial intuyeron e interpretaron el cambio que la mujer esperaba, resulta significativo que en el momento en que la mayoría de las casas de alta costura en Buenos Aires se repliegan, comienza a afianzarse, alrededor de 1971, la casa de alta costura de Gino Bogani. El mismo Bogani nos cuenta: “A comienzos de los años 70 mi casa empieza a tomar un giro importante. Hay un cambio de mentalidad en la alta costura después de la década del 60; es entonces cuando yo me impongo, porque expreso otra idea, una idea nueva. Utilizando velos la hice sugerente. En los años 70 hice un final de colección con vestidos de paillettes, entonces un periodista me dijo: ‘Esto es para vedettes’. Las paillettes y los brillos no son nuevos, no los inventé yo, sin embargo, acá eran tabú, como el colorado y el turquesa. Yo le di a la mujer la posibilidad de atreverse.