El auge en la moda de los 60 y 70

“Actualmente, a pesar de la aclaración de la moda que determina que una moda al salir ya sea vieja, hay algo que se mantiene estable: el estilo, la esencia del creador, aunque la palabra creador sea demasiado fuerte. A pesar de esa aclaración, el éxito de Bogani se da porque los vestidos siempre mantienen su vigencia a través de los años, de las modas y de los ciclos, y esto pasa porque son honestos. “Me inspiro en el ideal de ciertas mujeres que van a usar ciertos vestidos y que tengo desde antes. Yo puedo crear un vestido y después venderlo, pero siempre hay en la cabeza un ideal si no hay algo adentro no sirve para nada, no hay cuerpo que valga. Evidentemente, hay mujeres que con su gracia y su manera especial de moverse dejan desarrollar la imaginación y son inspiradoras. Hacen producir.

Hay vestidos donde se nota el genio creador que les da sentido y coherencia. Ésa es la esencia de cada vestido. Es poder lograr en la cosa más simple que esté presente la personalidad y el estilo del creador. “En cuanto a la fantasía y elegancia, yo no creo que se contrapongan, sobre todo en moda tiene que estar la elegancia unida a la fantasía. Supongamos que en un momento determinado la elegancia estaré presentada en cinco mujeres vestidas de negro con mucho vuelo y aparece una totalmente lánguida y despojada, de blanco. Indudablemente, hay que tener fantasía para aparecer así, y también ella está elegante, es decir que todo depende de la actitud, porque finalmente la elegancia es la elegancia del espíritu y allí hay coherencia, elegancia junto con fantasía. Aun para estar totalmente despojada se necesita fantasía.

Cuando le preguntan qué tiene dentro del pan contesta: “Fantasía”.; Qué se puede hacer cuando una persona come pan y fantasía! Yo tampoco concibo la vida sin fantasía, ciertos espíritus necesitan ese alimento, el mío lo necesita a raudales”. El comienzo de la nueva década encuentra a la moda enfrentada a la polémica: minifalda maxifalda. Estas largas faldas hasta el tobillo habían hecho su aparición en 1969 impulsadas, tal vez, por la moda tricot que mostraba largas faldas tejidas en tonalidades cálidas: beiges, castaños y marrones.

Las alteraciones sucesivas de los estilos que habían ocurrido en la década anterior inspiran, por contraste, a la naturalidad como tendencia; es entonces cuando la alta costura recupera su liderazgo y apoyada por las organizaciones industriales crea para los dos sexos, nutriéndose con las nuevas ideas aportadas por la antimoda de los 60, entendiendo portal a la negación de la moda seriada y comercial. Mientras Valentino inserta pequeños espejos al estilo hindú en costosos conjuntos, Yves Saint Laurent viste hippies de lujo. Finalmente, París se rinde a los jeans. Los jeans, que habían sido apropiados por la juventud norteamericana e impuestos por algunos artistas de cine en la década del 50, se generalizan en los 60, pero es en los 70, al aceptarlos Francia, cuando comienzan a ser usados en todas las ocasiones, tanto de día como de noche, acompañando sacos de piel y camisas de seda. El uso masivo del jean facilita el funcionalismo de la línea unisex, que se completaba con largos suéters, suecos y mocasines, pelo largo y lacio. En la Argentina, las primeras marcas de jeans que se imponen son Lee, Levi’s y Rustikane, Robert Lewis y Hernán Bravo.

El liderazgo de la alta costura impone nuevamente el tailleur. Los nuevos tailleurs le agregan al clásico dúo de falda y chaqueta, una tercera prenda: el pantalón. Las chaquetas que cubrían las caderas, llevaban los hombros naturales y anchos, la cintura marcada y amplísimas solapas que también se repetían en los abrigos. Las faldas detenían el ruedo en el nacimiento de las rodillas. Los pantalones con cintura aplicada y botamangas, se ensanchaban ligeramente en su parte inferior. Las capas, que comenzaron a usarse a principios de la década en colores lisos o lanas espigadas, podían ser forradas con géneros que se repetían en las blusas, se siguieron usando a lo largo de los años 70, completándose con altas botas sumamente ajustadas a la pantorrilla con cierre de cremallera.

La ropa de cuero y gamuza con sus faldas évasées y a media pierna, abotonadas por delante, el estilo safari y las prendas de tricot se recrean año tras año. La línea de las faldas hacia mediados de la década se vuelve recta, acompañándose con blazers de pana. Los colores más usuales cran los castaños y beiges, lilas y violetas, negros, blancos y grises. Los trajes de noche volvieron a la línea Imperio y se completaban con sandalias de plataformas doradas y plateadas. Las nuevas formas de comercialización de la moda permitieron la aparición de boutiques de alto nivel que diseñaban un prêt-à-porter de calidad, como Cábala de Lía Rosa Galvez, Cielo de Josefina Robirosa, donde Dalila Puzzovio diseñaba suéters, Zoco, El Carretel, Irene Sandler y otras que se mencionarán en la etapa siguiente. En tanto Jacques Dorian, audaz y sensible para captar inquietudes, comprende los nuevos lineamientos de la alta costura que creaba para los dos sexos al mismo tiempo. En 1973 comienza a diseñar ropa para hombres; abrió el 1° de abril en Cerrito 1239 “Pour vous Monsieur, Jacques Dorian” con una línea audaz, refinada y diferente, que introducía el colorido en la moda masculina.

La línea masculina de estos años marcaba el cuerpo, con hombros angostos y solapas amplias, las camisas con cuellos importantes y las corbatas con importantes nudos. Algunos trajes, que podían ser cruzados, llevaban gruesas rayas, completándose con corbatas a rayas, lunares y estampados floreados. A principios de 1976, cuando la Argentina se vio sacudida por el cimbronazo político económico, cambian totalmente las reglas de juego. Los consumidores, agotados por los acelerados cambios pasados y motivados por la moda unisex, comienzan a retraerse y a exigir una moda que interprete cabalmente su nuevo estilo de vida: surge en consecuencia la moda deportiva.