La moda unisex 

El jean representa también un rechazo de tabúes sexuales ya que, por ser unisex, se convierte en símbolo de la igualdad entre seres de distinta condición y sexo, y es al mismo tiempo bastante inofensivo para modificar ciertas estructuras, razón por la cual es aceptado masivamente hasta por aquellos que no hacen de la igualdad su slogan. Indudablemente, es más cómodo y menos riesgoso para muchos aceptar la igualdad social a través de una prenda que hacerlo en la realidad.

En el año 1964 André Courrèges, un intuitivo arquitecto francés que se dedicó a la moda, provocó gran revuelo con un diseño hasta ese momento sólo utilizado por la ciencia ficción: la minifalda. Esas diminutas faldas que llegan a mitad del muslo son adoptadas al año siguiente por las inglesas jóvenes impulsadas por Mary Quant, una modista de Chelsea, Inglaterra, que las consagra. Ella junto a los Beatles impulsan la explosión del poder de la moda joven que va a desconcertar y a descolocar por algunos años la alta costura tradicional, que ya nunca más volverá a ser lo que fue.

Desde 1967 a 1969 comienza a usarse la minifalda masivamente en todo el mundo y por mujeres de todas las edades. A la atracción del diseño y su funcionalidad ya que es cómoda para desplazarse y barata por el escaso género que necesita para su confección se le sumó la de convertirse en símbolo de las aspiraciones de libertad y de igualdad de la mujer. Así como el jean representaba la igualdad social, la minifalda corporizaba las reivindicaciones femeninas que estaban en su apogeo en la década del 60. Esta moda apoya, influye y se deja influir por la corriente de afirmación de los derechos de la mujer; a partir de ese momento la mujer comprueba que puede atreverse.

Tanto el jean como la minifalda fueron verdaderos cambios de la moda, no simples furores. A diferencia de los recambios típicos de cada temporada, influyeron notablemente en todos los demás aspectos de la vida social, porque hicieron una compleja transformación en los hábitos sociales. Los furores son incidentes especiales de moda que se diferencian por la intensidad con que se presentan y por la rapidez con que desaparecen. Los furores de moda tienen como característica la irracionalidad y la intensidad, a diferencia de la moda que es relativamente coherente y perdura en el tiempo, llegando a definir incluso una época.

La coherencia de la moda está dada por la armonía con todo el contexto que la rodea, por eso perdura. El furor puede estar desenganchado del contexto y surgir como consecuencia de una canción de éxito, una película o cualquier acontecimiento que haga noticia, porque en moda, como nos enseña Roland Barthes, “lo notado es obligatorio”.3 También puede formar parte de una moda o costumbre señalándonos el momento de su mayor intensidad. El furor, al ser irracional, no puede ser incluido en los ciclos de la moda.

Cada veinte años: un ciclo

En nuestro país se pueden detectar en los últimos años unos períodos que coexisten con los típicos ciclos anuales de recambio, cuya duración total abarcaría seis años. La secuencia temporal de estos ciclos se organiza de la siguiente manera: desde los centros de la moda (París, Milán, Nueva York) surgen las propuestas que dan la vuelta al mundo; esas nuevas tendencias llegan simultáneamente a Buenos Aires y son adoptadas por la vanguardia de dischadorco y mujereo compradoras, que son los que compiten, los líderes de la moda oficial, los primeros en diseñar y usar las nuevas propuestas. Se produce luego un tiempo de acomodamiento durante el cual se declara el cambio (éste es válido tanto en diseños como en colores), para tener luego un rebrote con toda su fuerza tres años después, cuando llega el furor de lo que temporadas antes se había lanzado como tendencia. Esa moda es usada entonces por un segundo grupo de diseñadores y mujeres compradoras (el más voluminoso y el de mayor peso para el desarrollo del fenómeno moda), o sea la gran mayoría que sigue la tendencia oficial y se somete sin ofrecer resistencia los dictados que le imponen.

Al consumirse el furor por su propia naturaleza irracional c intensa quedan saldos sin comercializar; es entonces cuando aparece un tercer grupo de gente que consumo moda, los simples contempladores que por su insuficiente nivel adquisitivo quedan fuera del espectáculo, pero que son sumamente necesarios para la industria porque cierran el ciclo económico.

Después de que se manifiesta la desaparición de los saldos, agotados en la temporada siguiente del furor (cuatro años a partir desde que la nueva tendencia apareció en los centros productores de moda) en los dos años restantes se origina una nueva revalorización del diseño o color, produciéndose su relanzamiento, que se incorpora definitivamente al juego de la moda, ubicado ya en cl lugar que le corresponde. Un ejemplo de ello es el color rosa: después de muchos años de no usarse, fue lanzado como sugerencia en la temporada primavera verano de 1978-1979, en 1981 llegó su furor hasta saturar en vidrieras y accesorios, y luego reapareció en 1983, completamente revalorizado, y ocupó el lugar que le correspondía entre los tonos pastel.