El interés por la ropa 

 

El interés por la ropa era común en todos los habitantes de la ciudad de Buenos Aires (en la zona rural el interés era el mismo, pero la situación era bien diferente).  Aunque un viajero de la época llegado a Buenos Aires reconoce que hay demasiado lujo, encuentra que es natural que gasten dinero en la moda. Tal vez sea imposible diseñar un estilo nacional en moda que represente una silueta de la mujer argentina partiendo de nuestros orígenes, si nos atenemos a la época anterior a la inmigración masiva de ultramar, por la peculiar historia social del país. Entre las características de mayor peso debemos anotar la ausencia casi total de la influencia de la población indígena que recibe al español; la separación y negación sistemática del interior por parte de Buenos Aires, y al mismo tiempo de lo español, que es negado por los criollos no sólo a partir de la Independencia sino desde el Congreso de Viena de 1815, cuando se pretende una vuelta general de las colonias a las metrópolis (en nuestro caso, a España).

En ese clima de escasa identidad en modas, se produce el impacto de la llegada de los inmigrantes, que prácticamente disolvió las viejas formas culturales. Sabemos ya que es lo que se conoce que la gran mayoría provenía de los estratos inferiores de sus países originarios por un lado alrededor de un 41% se los identificaba como campesinos y un 23% trabajadores no especializados; el 36% restante podía realizar trabajos manuales y de otra índole. También sabemos que los estratos inmigrantes más bajos tienen mayores posibilidades de ser aceptados por los grupos de igual nivel de la sociedad que los recibe: en la Argentina, estos grupos fueron totalmente integrados a la sociedad.

Los inmigrantes de clases más altas, con tendencia a formarse una autoimagen más diferenciada que los distinga del país que los recibe, hubieran podido convertirse en portadores culturales de sus propios estilos de moda, lenguaje, literatura, etcétera, pero en el caso especial argentino fueron rechazados por la sociedad local y retornaron a sus países de origen.

De los inmigrantes de estratos inferiores, según señala Francis Kom en Algunos aspectos de la asimilación de inmigrantes en Buenos Aires, los grupos italianos y españoles se integraron totalmente por ser “menos diferentes” de los criollos, los rusos, polacos, alemanes, etcétera, por ser “más diferentes” trataron de defenderse culturalmente a través de formas simples como pueden ser el uso del idioma natal para hablar en sus hogares. Al mismo tiempo, la gran movilidad social de la Argentina, que les permitía el poder ascender socialmente, los empujó a considerar la moda de la misma manera como lo hacían hasta entonces los naturales del país: un medio “para figurar”, que sumado al hecho de la ruptura con su pasado tradicional determinó la poca influencia de las colectividades en la moda del país. Tal vez el hecho de tener raíces variadas y contradictorias lleve a generar una moda que nos identifique, rescatando en primer lugar los materiales y técnicas auténticos del país, en una demorada reparación histórica de la crónica negación del interior por parte de Buenos Aires, pero teniendo siempre presente las características que definieron a la moda rioplatense tanto antes como después del movimiento inmigratorio: igualdad y lujo.

La propuesta es generar entonces una moda que responda a las necesidades actuales de toda la población con materiales auténticos del país, pero manteniendo esencialmente el sentido social de la igualdad que la definió en sus orígenes, agregando los detalles de lujo y exageración (herencia española) que se expresaron en la moda de la sociedad argentina, cuya mejor expresión la dan los inmensos peinetones y las innecesarias colas de los vestidos que arrastraban las mujeres por las sucias calles del Buenos Aires de entonces. Para diseñar un estilo nacional, deberíamos conjugar el aporte de los diseños de nuestras comunidades indígenas, el uso de nuestras “pilchas criollas” con sus respectivos accesorios en lana, plata y cuero, y el modernismo de nuestra herencia europea. Siempre se puso que sería muy interesante que teniendo y conociendo las condicionamientos antes enunciados, la Argentina pudiera llegar a convertir sus tradicionales debilidades en una gran fuerza de acción. Así como la moda consigue transformar en gran poder su aparente frivolidad, los argentinos tendríamos que transformar nuestra crónica inseguridad, que nos lleva al auge impresionante de la moda, en una herramienta no sólo de conocimiento personal sino de despegue económico, y no sería difícil pensar que a través de ese camino no transitado podríamos llegar a conseguir, tal vez sin pensarlo, lo que tan ansiosamente buscamos desde nuestros orígenes: la seguridad en nosotros mismos.