LA MODA Y SU EVOLUCION CON LA HISTORIA

En la segunda mitad del siglo XX, montar a caballo, una actividad que antiguamente era exclusiva de la privilegiada clase alta, empezó a ser asequible para la gente común. No se consideraba adecuado que la mujer cabalgara a horcajadas, así que tenía que montar de lado. En esa época se crearon las faldas con forma para recoger una rodilla hacia arriba. Pero, de hecho, por razones de seguridad, se utilizaban el mismo tipo de pantalones y botas que los hombres, aunque siempre era necesario llevarlos cubiertos por una sobrefalda. La montura lateral siguió siendo la norma hasta finales de los años treinta, época en que prácticamente desapareció. Este traje sastre de gran calidad es un ejemplo de un atuendo para montar a caballo confeccionado por los reputados H. Creed & Co. Es una combinación del estilo masculino (chaqueta sastre y pantalón) y femenino (larga falda especial para montar). Cuando a principios del siglo XX hizo su aparición el automóvil, éste era un artículo de lujo extremadamente costoso que se convirtió en el nuevo símbolo de estatus social para la clase alta. A la izquierda, un conjunto femenino especial para ir en coche. Los automóviles de esta época eran abiertos y los pasajeros quedaban expuestos al frío viento, al polvo y a la suciedad de las carreteras. Para protegerse del viento, las mujeres llevaban un largo gabán y gafas; para evitar la suciedad, una capucha poco elegante cubría por completo la cabeza. Hacia mediados del siglo XIX, algunos médicos descubrieron que nadar en agua salada tenía propiedades benéficas. Este sólido argumento se aprovechó para contrarrestar las prohibiciones religiosas que pesaban sobre los baños de mar y produjo un gran resurgimiento de los mismos como actividad de ocio para la clase alta. Sólo los privilegiados, que disponían de tiempo y dinero, podían disfrutar de tales escapadas para refugiarse del calor estival. No obstante, el avance tecnológico del ferrocarril, a mediados de siglo, permitió que los baños de mar se popularizaran entre el gran público. Incluso a las mujeres les estaba permitido bañarse, siempre y cuando lo hicieran en nombre de la salud. Vestían trajes de baño muy ornamentados y nada prácticos, que dejaban al descubierto la menor cantidad de piel desnuda posible, y el baño en sí no era más que un breve chapuzón en el agua.

La Primera Guerra Mundial desmanteló de forma rápida y completa los antiguos sistemas y valores sociales que habían empezado a resquebrajarse ya a finales del siglo XIX. El surgimiento de una pujante clase media dio pie a un nuevo estilo de vida, y a medida que las mujeres salían del hogar para participar más plenamente en el mundo en general. Los diseñadores de moda, así como los artistas, pusieron gran empeño en crear nuevos tipos de indumentaria. Aunque es importante comprender el impacto que las dos guerras mundiales tuvieron sobre el tema de la moda, también es indudablemente cierto que la alta costura fue la principal encargada de dirigir el mundo de la moda.  Desde finales del siglo XIX, el kimono japonés fue adoptado en Occidente como bata de estar por casa debido a su1 cómodo estilo. También en Occidente se producían prendas de uso doméstico con la forma de un kimono. Mariano Fortuny adoptó ideas de diseño de varias fuentes diferentes, incluyendo los dibujos de kimonos japoneses. Para este vestido utilizó motivos de mariposas y malvas de una tela japonesa. El tejido original apareció en el segundo número de la publicación francesa Le Japon Artistique en 1888, y también en Etoffes Japonaises en I9IO. La tela forma parte actualmente de la colección del Museo de la Moda y del Textil del Palacio del Louvre.

A partir de finales del siglo XIX, las mujeres empezaron a llevar vestidos sastre, originalmente exclusivos de la moda masculina, para viajar o practicar deportes. Este estilo se hizo popular como indumentaria cotidiana hacia el año I9IO.A la izquierda, un vestido de cintura alta y línea sencilla, hecho de un material ligero, algo típico de esta época. A la derecha, un vestido de inspiración sastre, hecho con tejido suave para darle un aspecto más femenino, muy habitual a principios del siglo xx. Los occidentales se interesaron por los motivos de blasones familiares utilizados en el kimono y en otras artes decorativas de Japón, y muchos diseños de armas llegaron a Europa. En este vestido los roeles de los blasones familiares japoneses fueron bordados con cuentas y canutillo dispuestos según el estilo occidental. También puede observarse la influencia japonesa en la larga cola y los adornos con cuentas, que crean una forma asimétrica. Mariano Fortuny fue un artista muy versátil que demostró su talento en varios campos, como la pintura, fotografía, escenografía, iluminación, tejidos e indumentaria. “Delphos”, su vestido plisado inspirado en la Grecia clásica, data aproximadamente de 1907 y es uno de sus diseños más famosos. Esta moderna forma, que presta atención al cuerpo, era un claro ejemplo de las nuevas tendencias de la moda en el siglo xx. Los pliegues, que cambian de color según el movimiento y el reflejo de la luz, resultan deslumbrantes, y su atemporal belleza sigue resultando impactante hoy en día.