Diseño + IA: la revolución que nadie vio venir

Cada vez son más las marcas que se suman a esta mutación: la inteligencia artificial es parte del proceso de creación. Dignos es una de ellas. Se redefine el rol del diseñador y las prendas y los accesorios se convierten en parte de uno. 

Hasta ahora los diseñadores se encargaban de crear objetos: una silla, un vestido, unas gafas. El trabajo consistía en darle forma (“vida propia”) a una idea. Pero ya no es así. Esa definición queda pequeñísima. Con la llegada de la inteligencia artificial, el diseño está cambiando de punta a punta. 

El diseñador ya no piensa solo en la forma del producto terminado, sino en todo el sistema y proceso que hay detrás. ¿Y qué es esto? Para enumerar algunas: en la forma en que el algoritmo va a interactuar con el usuario, en las propuestas de la tecnología, en cómo se va a sentir la experiencia, etc. O sea, no es solo proyectar objetos. Ahora se trata de modelar sistemas y comportamientos.  

Y ojo con esto. En la reconocida marca Dignos, esto no es solo un concepto y blablerío. Es una realidad. Usan la IA para crear sus productos, para diseñar la experiencia completa. Desde sugerir un modelo en el probador virtual hasta la forma en que se produce: el diseñador y el algoritmo son un gran equipo. 

De la forma al sistema: la IA expande al creativo

El cruzamiento que hay entre la inteligencia artificial y el diseño va más allá de algo meramente técnico. Es un cambio cultural, filosófico. Y es importantísimo entender que la tecnología no viene a reemplazar al diseñador. Llegó para expandirlo, darle más posibilidades al proceso creativo. 

Entre la novedad está que se pueden proponer miles de variaciones de un mismo diseño en tan solo segundos. Antes el diseñador tenía que pasar horas —o días— haciendo bocetos para esto. Ahora se convierte en un curador, un artista que elige la mejor idea. 

Y esto es solo el principio. También la IA está aprendiendo a interpretar emociones, gestos, lenguaje corporal. Esta información es valiosísima se obtiene a partir de que el usuario interactúa con el producto. Y gracias a ella se propone o sugiere determinados modelos a una u otra persona, teniendo en cuenta las variables de manera personalizada. 

Estos “sistemas de recomendación” ayudan a que encontremos lo que realmente nos representa. De esta manera se está transformando la forma en que las marcas se comunican. 

Todo esto está cambiando la manera en que se conciben productos, se estructuran servicios y se imagina la interacción entre humanos y máquinas. La tecnología le da al diseñador un poder que antes no tenía. No para que haga el trabajo solo, sino para que se enfoque en lo que realmente importa: la experiencia humana.

Responsabilidad, accesibilidad y transparencia

Pero con un gran poder, viene una gran responsabilidad. Y el diseño tiene una función crítica en esta nueva era: dar forma visible y ética a procesos que, de otra forma, serían invisibles. Diseñar con inteligencia artificial implica pensar en términos de responsabilidad, accesibilidad, transparencia y sensibilidad cultural. El verdadero desafío no está en usar la tecnología, sino en preguntarse cómo y para qué se la integra.

Porque cada decisión algorítmica, desde el dato que se usa para entrenar a una IA hasta el modelo que se le sugiere a un usuario, proyecta valores. ¿Se está usando un set de datos inclusivo? ¿El algoritmo está creando un producto accesible para todos? ¿La marca es transparente sobre cómo usa la IA? Estas son las preguntas que un diseñador tiene que hacerse hoy.

Dignos, en su búsqueda de un diseño con propósito, asume este compromiso. Entienden que la tecnología es una herramienta que debe usarse con conciencia. No se trata solo de crear gafas, indumentaria o accesorios que sean cancheros y modernos. Se trata de que esos productos sean el resultado de un proceso ético, que celebre la diversidad y que construya un mundo mejor. Porque al final, lo que hacemos hoy con la tecnología va a definir el mundo que vivimos mañana.

Y en ese futuro, el diseñador no es solo un creativo. Es un arquitecto de experiencias. Un mediador. Una brújula ética en un mundo de algoritmos. Es la persona que se asegura de que la tecnología, en lugar de alejarnos, nos acerque y nos haga sentir más humanos que nunca.